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¿A quién le hace mal el resentimiento?

*Marta Saenz Correa Por: Marta Sáenz CorreaLa mayoría de las personas hemos sentido esa mezcla de rabia, desilusión y frustración que se experimenta cuando a nuestro juicio una persona u organización nos ha defraudado en algo y no queremos o podemos expresar directamente nuestra reacción,...


*Marta Saenz Correa

Por: Marta Sáenz Correa
Por: Marta Sáenz Correa
La mayoría de las personas hemos sentido esa mezcla de rabia, desilusión y frustración que se experimenta cuando a nuestro juicio una persona u organización nos ha defraudado en algo y no queremos o podemos expresar directamente nuestra reacción, y aun cuando somos conscientes que ese resentimiento nos hace daño, insistimos en guardarlo. Frente a lo cual, la doctora María Mercedes de Beltrán en su libro: “convierta los problemas en oportunidades” nos hace el siguiente cuestionamiento: ¿el resentimiento le hace mal al otro o a usted mismo?

En toda relación humana, desde la más ocasional hasta la más profunda, cada una de las partes espera a que la otra se comporte de determinada manera y a esto lo llamamos expectativas. Es algo así como una forma de vivir por anticipado nuestras relaciones con los demás, con todas las suposiciones y deseos que tenemos antes de que un acontecimiento suceda. Los resentimientos nacen de las expectativas frustradas cuando creemos justo y lógico que el otro se comporte de determinada manera en algo que tiene un significado especial para nosotros, y esto no sucede así; nos sentimos injustamente pagados, ofendidos, adoloridos, frustrados y es cuando comienzan los resentimientos.

El problema es que generalmente partimos de la premisa errada: la otra persona se verá afectada cuando tenemos hacia ella un resentimiento. La paradoja es que el resentimiento es una de esas victorias engañosas que obra como el bumerán, se devuelve contra el que lo lanza. El dolor que esperaba causarle a otro y todas las demás consecuencias negativas las está recibiendo usted.

Cuando una persona esta resentida, desea vengarse y quiere que el mismo dolor que está sintiendo lo padezca el otro; lo primero que se le ocurre es retirarle lo más importante que le está dando: su amor, su afecto, o su amistad. Lo importante es que el otro se dé cuenta de que usted está herido y esto le duela. Como resultado, usted empieza a aplicar una forma intransigente e injusta para juzgar lo que la otra persona hace o deja de hacer, cambia su perspectiva de la relación y empieza a ser menos benévolo con el otro, algunas cosas que antes no le molestaban ahora las encuentra insoportables, y lo que funciona bien entre los dos empieza a parecerle falso o sin sentido.

Cuando las cosas llegan a este punto, lo único que nos parecería aceptable seria que el otro se diera cuenta de lo que nos hizo, nos presentara disculpas y nos dijera que también le duele que le quitemos nuestro aprecio. Generalmente, no sucede nada de esto y aun cuando usted este muy adolorido, es posible que el otro ni siquiera se haya enterado del asunto. El que verdaderamente sufre con el resentimiento es el que lo siente, no el otro.

No podemos olvidar que lo que realmente cuenta en un resentimiento es lo que esperábamos que fuera y no fue; es decir, nuestras expectativas frustradas. Las expectativas no expresadas son una fuente potencial de frustraciones y de heridas, pues aun cuando la otra persona, jefe, compañero de trabajo, vecino, amigo, hijo, pareja, o familiar, desee hacer lo que usted espera, le será bastante difícil complacerlo si no sabe que es. Tener expectativas sobre la conducta del otro es absolutamente inevitable, pero mientras más realistas sean, mayores posibilidades existen que éstas se cumplan.

Por lo cual, les comiendo hacer sus expectativas explicitas. Cuando tenga alguna relación, pregúntele claramente a la otra persona lo que espera de usted y manifieste sus expectativas; esto facilitara su comunicación y cada uno sabrá claramente las reglas del juego.



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