¡A clases, perezosos!

Por: Róbinson Nájera Galvis


La labor del docente no consiste, como tanta gente cree, en simplemente ir a la escuela a dictar clases a un grupo de niños o jóvenes interesados o no en aprender. Ser maestro es mucho más que eso: es comprometerse con ellos para ayudarlos a crecer en todos los aspectos posibles, con las capacidades suficientes para seguir aprendiendo a HACER y a SER a fin de que se conviertan en individuos útiles en cualquier campo del engranaje social.

Si en realidad existiera una idea clara de la gran dimensión que tiene la EDUCACIÓN en el desarrollo de la sociedad en cualquier país del mundo, se entendería que la virtualidad es una buena herramienta para la formación integral de los estudiantes, pero que por sí sola no alcanza a cumplir con todos los procesos requeridos para lograr una educación de calidad, pues el intercambio académico entre los mismos estudiantes y la presencia diaria del maestro, sin duda son imprescindibles.

Una de las pocas o muchas enseñanzas que dejó la pandemia por el Covid-19 es que para que haya una buena educación, se requiere que la presencialidad se complemente con la virtualidad o viceversa, de allí que afanosamente se esté buscando por todos los medios que se regrese a las clases presenciales, aunque sea con la modalidad llamada ALTERNANCIA que básicamente combina los dos aspectos, sin embargo, como en Colombia la educación no es una prioridad, para ninguna de las dos se está preparado actualmente.

Los docentes no somos perezosos al tener algunas prevenciones con el regreso a clases. A los maestros “de verdad, verdad” nos gusta es estar metidos en el centro del combate, pero qué hacemos si, por ejemplo, después de la racioncita que reciben como almuerzo, de una bolsita de agua que compran con los 200 pesos que les regaló un maestro toman 3 o 4 niños, porque el contratista que aportó en alguna campaña política se quedó con gran parte del dinero, no obstante, al docente le exigen resultados ¿y al corrupto?, “bien gracias”.

Los computadores y la conectividad son dos aspectos básicos para la virtualidad, en las cuales se encuentran muchas brechas que requieren fuertes inversiones para su reducción, pero para qué seguir con esta historia, si con estos políticos da hasta pereza hablar de cifras, pues ni siquiera se dan cuenta de la cantidad de escuelas destartaladas que algunos medios de comunicación están mostrando en todo el territorio colombiano. O será que ya perdieron la vergüenza y no les arde la cara al echar tanta carreta en las campañas electorales.



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