8 errores que todo líder debe evitar en tiempos de crisis

Por: Ph.D César Augusto Herrera S  


Ante la crisis del Covid-19, los grandes líderes del planeta dirigen países, organizaciones, equipos de trabajo y millones de personas de forma remota. Las primeras respuestas se han concentrado en salvar vidas, en especial, la de los niños y personas mayores, quienes son más vulnerables al virus. Además, se está apostando por el fortalecimiento del sistema de salud y por mitigar, en la medida de lo posible, los efectos económicos que se presenten, para que la población pueda seguir con sus vidas en condiciones dignas hacia un futuro igualmente digno y productivo.

¡Vaya reto para estos líderes! Cabe preguntarse entonces, ¿cómo lo están haciendo?, ¿están preparados para soportar todo lo que viene? Nuestra vida y la de millones de personas depende en gran medida de las decisiones que tomen, y para ello, estos líderes deben anticiparse, prepararse con la máxima velocidad, hacerse responsables, ponerse al frente, informarse todo lo que puedan con datos veraces, aprender aún más rápido, analizar múltiples variables, comunicar de manera clara y actuar sin demora. Por dicho motivo, es importante que los líderes eviten en lo posible cometer errores: está en juego la vida.

Los siguientes enunciados fueron recopilados a partir de investigaciones y reflexiones de expertos en el tema, así como de la experiencia personal en el manejo y atención de crisis reales en organizaciones multinacionales. A continuación, descubre los ocho errores que todo líder debe evitar en tiempos de crisis:

  1. No ejercer una actitud activa y visible

Es en la crisis donde el líder se tiene que hacer notar, ver y sentir. Su presencia visible y su voz se debe escuchar con fuerza en cada lugar: “Aquí estoy, no teman, tranquilos, estoy al frente”. No ejercer un liderazgo activo, visible, genuino y basado en el ejemplo, genera pánico e inseguridad que, a su vez provoca caos y desesperación. Por eso, es importante que el líder transmita tranquilidad y calma a las personas. Todos deben sentir que existe un líder delante de la situación, poniendo la cara y el pecho, que está a cargo y se la está jugando por todos y todas.

2. No comprometerse

En los momentos de crisis y en situaciones de riesgo, el líder debe demostrar un compromiso verdadero y sincero, que se alinee a su propósito, valores y filosofía de vida. Lo cual impactará en las creencias, prácticas y comportamientos de las personas que lo ven, incluso en aquellas que no lo ven, olvidándose de sí mismo y pensando en los demás. Si el líder no logra comprometerse genuinamente, causa heridas difíciles de cerrar, como la pérdida de confianza y lealtad de las personas y de sus seguidores.

Un líder cuando se compromete de verdad, se nota en verdaderas acciones. Es decir, lo que tiene encomendado lo desarrolla con el máximo interés, no hace falta que se lo recuerden ni que le obliguen. Da mayor importancia al deber, que al tener y el gozar. No actúa por premios y amenazas. Fiel a su palabra, no se deja sobornar ni por dinero ni por amistad. En otras palabras, no le importa lo que dicen los demás y no le espanta quedarse solo.

3. No motivar

Cuando se ha perdido la esperanza, el líder se llena de coraje para motivar, inspirar y desafiar. Aporta significado a la vida de las personas y despierta el espíritu de equipo. Tiene una gran habilidad para comprender y redirigir los pensamientos, emociones, decisiones y acciones de las personas. Tiene la capacidad de entender la realidad y de formar una visión positiva. Conoce su propósito y lo vive con una intención clara, se enfoca en agregar valor a la vida de los demás.

 

Si el líder no logra motivar, las personas pierden el interés, reproducen pensamientos negativos, pierden el entusiasmo y la energía para llevar a cabo determinadas actividades en su trabajo. Es clave que el líder pase más tiempo con su equipo, conozca lo que les importa y les preocupa, se asegure que logren sus aspiraciones, y al mismo tiempo, cumplan con la misión y los objetivos. Los líderes siguen avanzando, aunque no exista ningún estímulo para hacerlo.

  1. No reconocer

Un líder siempre reconoce el buen trabajo de su equipo, les hace saber lo orgulloso que se siente por el aporte y la contribución de la gestión realizada. También los ayuda a crecer por medio de escenarios que lo propicien o asignándoles determinados roles. Espera con paciencia y aprecio el aprendizaje de sus colaboradores y los empodera en temas claves donde puedan ser importantes.

Si el líder se enfoca más en señalar cuando una tarea no se realiza de forma adecuada, en lugar de reconocer el buen trabajo realizado, o si el reconocimiento no es auténtico, producirá frustración, disgusto y rencor. Por el contrario, si el líder se toma unos minutos diarios para hablar con sus colaboradores o para enviarles un email, agradeciéndoles por su gestión, además de demostrar aprecio, se darán cuenta que su trabajo es valorado. Un líder procura destacar el papel de cada persona, pero celebra el resultado grupal.  

  1. No hablar con el equipo

En situaciones de crisis, conversar con el equipo de trabajo se convierte en una de las herramientas más poderosas para entender, proponer y avanzar ante la incertidumbre. Un líder valora este espacio clave, lo tiene presente en su agenda y se compromete.

En el desarrollo de estas conversaciones, el líder muestra un comportamiento ejemplar. Presta atención con el máximo interés, conoce el estado emocional de sus colaboradores, anota las dudas, preocupaciones, quejas, comentarios y aportes de cada uno. Se interesa sinceramente por su equipo y sus familias. Además, brinda orientación, consejos y apoyo, si lo necesitan.

Fingir que se está escuchando, mirar en otras direcciones, mostrarse distraído, con un lenguaje corporal desinteresado o mostrar superioridad ante los demás para demostrar liderazgo, impacta en el clima, la cultura y las relaciones interpersonales y laborales. Nada afecta más a un equipo de trabajo que las decisiones sean tomadas por un líder autoritario.

Al conversar con las personas, se puede establecer una dirección y una visión conjunta, alineada con los objetivos, inspirando y motivando para alcanzar las metas del equipo.

  1. No retroalimentar

La retroalimentación que un líder da a sus colaboradores es uno de los factores más importantes para que las personas aprendan, mejoren y crezcan. En momentos de crisis es vital retroalimentar sobre los comportamientos y conductas que repercuten positivamente en el desarrollo de la persona, del equipo y de la empresa. Al incentivar su repetición, se convertirá en un estándar. Por eso se dice que el líder pone el estándar.

Si no se tienen buenas intenciones, no se está bien informado o no se está dispuesto ayudar, es conveniente no retroalimentar, y menos en tiempos de crisis, para evitar cualquier daño hacia las personas. Así mismo, es necesario asegurarse que los colaboradores escuchen lo que se les está diciendo, que entiendan lo que deben cambiar. Es en las crisis donde se necesita un líder que ayude, corrija, anime y exija a los colaboradores a que se den cuenta de lo que hay que cambiar, corregir y mantener.

  1. No tolerar las críticas

En situaciones complejas, no debemos cerrarnos a las críticas. En ocasiones puede ser la única manera de aprender, cambiar, replantear y redireccionar lo que estamos haciendo mal. Es importante conocer puntos de vista alternativos para evitar errores o lograr otros caminos y posibilidades.

Si no recibimos y afrontamos una crítica negativa sobre nosotros y nuestro desempeño, y preferimos alejarnos de las personas que las emiten, sin aceptar lo que hay por mejorar, unas simples sugerencias o recomendaciones acabarán por alertar a los destinatarios y pueden activar en ellos una reacción en cadena que culmine en el escape, la búsqueda de otros equipos de trabajo y, finalmente, se alejen del líder.

Es necesario practicar la humildad para poder tolerar y aceptar las críticas. Un líder debe prepararse para las críticas y los rechazos, las críticas forjan la voluntad y mejoran nuestra argumentación. Tolerar las críticas muestra que eres un líder de mente abierta dispuesto a ajustar la manera de pensar en lugar de defender tercamente la propia causa.

  1. No estimular la innovación

Ninguna gran crisis de la historia ha acabado sin provocar grandes transformaciones en la sociedad, la economía, la política y las ideologías y, por ende, en nuestra forma de vida. Son aceleradores o detonantes de la innovación y la tecnología. Un líder desde el confinamiento convierte la tragedia en oportunidad y tiene la capacidad de vislumbrar e inspirar un futuro igualmente digno y colectivo para todos.

Un líder que no dedica tiempo para repensar en lo que puede hacer mejor, en lo que puede cambiar, que no desafía el status quo, que no promueve la co-creación, que espera a que las nuevas ideas y tecnologías les caigan del cielo, que mata las ideas y reprime la creatividad de sus colaboradores, desaparecerá de un plumazo. Encerrar el deseo innato de mejorar, no solo limita a tu equipo, limita al líder. Repensar lo que se hace para hacerlo distinto, y mejor, es innovar. Hoy se requiere una innovación basada en el conocimiento, no sólo en el ámbito tecnológico sino también en el económico, social y cultural. Con un propósito superior: innovar para cooperar, innovar para colaborar e innovar para el bienestar.

Un líder innovador reconoce que no tiene todas las respuestas, pero plantea preguntas retadoras, desarrolla el coraje y la determinación de transformarse a sí mismo, es capaz de cambiar procesos, prácticas y estructuras, aunque representen la manera “tradicional” de hacer las cosas o “lo que siempre ha funcionado”. Un líder conecta y desarrolla alianzas poderosas con otros innovadores que generan grandes posibilidades.

Ser un líder en estos tiempos, no es una tarea fácil, es una carga y responsabilidad muy pesada y difícil de llevar. Apoyemos y respaldemos con ideas y propuestas concretas a nuestros líderes, recuerda que “estamos todos en la misma barca y somos llamados a remar juntos”.

Ph.D César Augusto Herrera S  

Gerente General de HSEC Innovation 

cesar.herrera@hsecinnovation.com


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