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Plan Paz Colombia – Por: Juan Manuel Galán

Opinión/ Por Juan Manuel Galán. La mejor forma de luchar contra el narcotráfico, es la regulación. Sin embargo, sabemos que lo que hace atractivo este negocio es la demanda del mercado, sus usuarios. Las estrategias desarrolladas a la fecha, se han dirigido exclusivamente a la...


Opinión/ Por Juan Manuel Galán. La mejor forma de luchar contra el narcotráfico, es la regulación. Sin embargo, sabemos que lo que hace atractivo este negocio es la demanda del mercado, sus usuarios. Las estrategias desarrolladas a la fecha, se han dirigido exclusivamente a la oferta, es decir, a combatir las mafias. Así, el Plan Colombia implementado desde el año 2000, intentó abordar la lucha contra las drogas desde un componente principalmente militar, desconociendo a los usuarios, sus necesidades y sus expectativas.

No sería preciso afirmar que el Plan Colombia fue un fracaso desde su diseño. En realidad lo que podemos concluir después de 15 años es que esa política falló al abordar un problema tan complejo como el de las drogas, desde una perspectiva individual: la de la seguridad. Todos los demás frentes se desconocieron o menospreciaron. Efectivamente, desde el año 2000, Estados Unidos otorgó 9.94 billones de dólares como parte del Plan Colombia, de los cuales el 71% fue destinado a la fuerza pública. Este porcentaje entre 2000 y 2016, se dirigió a la asistencia militar y policial, y a estrategias como la del Plan Patriota, consolidación territorial, reformas militares y fumigación con glifosato.  Pese a todos esos esfuerzos, la estrategia de represión ha consolidado mercados negros en los centros urbanos del país y le ha permitido a las mafias, no solo desplazar la producción y el comercio de drogas hacia otros países, sino también diversificar su mercado y ampliar la demanda interna.

Por todo eso, es necesario replantear  la alianza entre Colombia y Estados Unidos para la lucha antidrogas. Reconocer que nos enfrentamos a una nueva realidad y que por lo tanto, la estrategia que se utilice, sin debilitar el componente militar, debe estar dirigida a atender el creciente problema del consumo de estupefacientes desde un enfoque de salud pública y derechos humanos.

Es necesario hacerle frente a los costos sociales, económicos y de salud de las drogas, por lo que el objetivo final de la nueva respuesta a este flagelo, debe ser no solo eliminar la disponibilidad de las mismas. Principalmente atender el consumo de sustancias, con el fin de garantizar la salud y el bienestar de las personas. Necesitamos un Estado local fuerte, capaz de resolver problemas en el nivel local con una oferta integral, con intervenciones sociales en nuestras familias y escuelas. Sin duda una gran herramienta para debilitar el mayor incentivo que tiene este negocio para crecer, la demanda de sus consumidores.



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