Pan y circo

Por: Boris Zapata Romero


Opinión.Desde hace tiempo -exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto-, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin, todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo.

… iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

(Juvenal, Sátiras X, 77–81)

Ya entonces Juvenal, en el año 100 Antes de Cristo, con tan perspicaz frase señalaba como la política del asistencialismo doblegaba la voluntad de quienes vienen a ser el referente en el mundo de los estados, la política y la democracia: Roma y los romanos.

En ese entonces el circo distraía las penas, con la temporalidad en que vuelve a presentarse la realidad y sus condenas, y el pan distraía el hambre, con la temporalidad en que vuelve a presentarse al constatar la alacena vacía.

Y eso bien lo aprendieron a usar los muy escrutados gobernantes romanos a su favor, en un sistema que siempre entendió la virtud de la representación por encargo, por tarea, o destajo, como a bien lo prefieran entender, de manera que, si el personaje no lo hacía bien, era fácil cambiarlo; es la razón por lo que la mayoría de los casos y veces (siempre hubo excepciones) estaban designados o elegidos por un año, prorrogable un año más.

Sin embargo, contrario a lo pensado, no siempre fue así.

Cuando Roma comenzó a ser Roma, la cada vez más grande población del creciente imperio comenzó a requerir más alimentos; se pueden imaginar entonces, que cuando escaseaban por alguna razón los alimentos (ciclos naturales, campañas militares, invasiones de pueblos vecinos, etc), el tamaño lío que se armaba, socavando las investiduras de los gobernantes de turno.

En ese sentido, por allá por el 300 AC, doscientos años antes que Juvenal se quejara, seguro con justa causa, comenzaron a regular el mercado del trigo (lo que sería el maíz para nosotros) y del aceite, de manera que la plebe (los pobres o sisbenizados como diría mi vecino tendero) pudieran acceder a aceite y grano. Esto estableció lo que se conoció como las frumentationes.

El establecimiento de esta normatividad que entendía, y actuaba en consecuencia, que existían productos de necesidad primordial (decirles básica creo queda corto) permitió que aquellos categorizados como Plebe pudieran acceder a ellos, y de una u otra manera a que se desarrollara toda una estructura gubernamental, desarrollo de política fiscal (obvio que el grano tenía que producirse y pagarlo alguien) e infraestructura física y logística para producir, almacenar, movilizar, distribuir, compensar, y quien sabe cuantos verbos más.

En cuanto al circo, todos sabemos que el Coliseo Romano es considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo, y si no lo sabemos, todos hemos visto la película Gladiador, que a propósito ya cumple 20 años, así que no es difícil entender que esos juegos y espectáculos que se ofrecían al pueblo romano de manera “gratuita” (recuerden que siempre alguien paga lo que se dice “gratis”), permitían como ya lo dije, distraer las penas.

Hoy día los gobernantes tratan de que la cosa funcione muy parecida.

Las políticas de asistencialismo de hoy son el pan. Y como creo que todavía estamos madurando como sociedad, considero que aún es necesario asistir a quienes están en condiciones de pobreza y vulnerabilidad socio económica.

De todos modos, si es importante entender que como allá, acá, también tendrá un final. Allá, en la Roma de la que venimos conversando, por la época de los primeros doscientos años de nuestra era, las políticas de asistencialismo alimentario fueron desapareciendo con larga agonía (todos sabemos así no hay bolsillo que aguante).

Sin embargo, el circo de hoy si que es otra cosa.

El uso de las redes sociales como medio para gobernar ha hecho parecer, de manera equivoca, que es fácil comunicar. Un par de trinos, una gráfica en Instagram, un Live en Facebook, ¡y listo!

La perdida de la perspectiva sobre que gobernar, hace más de 2.000 años u hoy, tiene un soporte en el contacto con la gente, con sus realidades (y no solo las mediáticas), con entenderlos, por lo tanto, con comunicarse en el todo el sentido de la palabra, se ha ido remplazando por el show y el retoque de la foto.

En el documento titulado Las Redes Sociales y el 15-M en España, de Ana Romero, publicado por la Fundación Telefónica, se anota, como algo necesario, que en las redes de internet existe la posibilidad de configurar virtualmente vínculos sociales.

Al entender esto de los vínculos, la comunicación por la redes sociales de los gobiernos de hoy, vuelven a retomar el camino de la verdadera comunicación: aquella en la que hay un interlocutor, y no solo un espectador.

La presencia del interlocutor, permite retrospectiva; permite que la herramienta de ese maravilloso instrumento que es el internet, con la que el gobernante y su gobierno pretendan entregar un mensaje, pueda devolver una impresión, un mensaje no desfigurado del gobernado.

Comunicar en campaña el mensaje, puede ser más frío en ese sentido. Debes entregar la idea, la propuesta del candidato y dejarla impresa en la mayoría de los posibles votantes. Pero al gobernar la cosa cambia, pues allí, ya el ciudadano también quiere hacer llegar su mensaje al gobernante.

No entender esto, es lo que hace que gasten lo que gasten para manejar como show, como en el viejo Circo Romano, el ejercicio del poder, la gente igual va a estar inconforme. Ya en gobierno nadie come cuento de la foto, el vídeo y la sonrisa. Quieren tocar, quieren ver, quieren que las promesas se materialicen, y como seres humanos, también tienen la necesidad de ser reconocidos a través del diálogo con quien los representa. Ese es el reto real.



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