No Vino el Niño Dios

Javier Mauricio Otero Diaz.
4 semanas atrás

El día en que el Niño Dios no llegó a traer mi regalo es un recuerdo imborrable de mi memoria.

Creo que es el primer hecho que recuerdo de mi vida conscientemente. Fue la mañana del 25 de diciembre de 1989, con tan solo 4 años de edad, sentado en la puerta de una antigua casa de palma, en la tierra del famoso porro cordobés, “El Guayabo llega a la YE”.

La hermosa mañana de Navidad, llena de gritos y risas de niños jugando con sus regalos, contrastaba con mi mirada fija, triste y perdida en el pensamiento: ¿Por qué el Niño Dios no me trajo mi regalo?

Creería que muchos han experimentado este tipo de sentimientos en Navidad: la desilusión o frustración de ver que a otros les sobra eso que a mí me falta. Puede ser el regalo que nunca llegó, el viaje que no se pudo hacer, la comida que no se cocinó, el dinero que escaseó, la ropa que no se estrenó… en fin, esa parte de la Navidad que otros viven y yo no.

En mis recuerdos hay muchos momentos donde mis ojos veían lo que mi familia no podía tener: sin ropa, sin la comida especial, sin el viaje deseado. Les soy sincero: mi esposa y yo llevamos cinco navidades consecutivas queriendo comprar ropa nueva o viajar, pero el dinero no ha sido suficiente.

Escribo estas letras sin ánimo de victimizarme; al contrario, lo hago con el ánimo de animarte. Es posible que esta Navidad falte algo, de seguro que sí, y eso, en algunas situaciones, no podremos cambiarlo porque está fuera de nuestro control. Lo que me hace pensar en esas navidades donde mis maravillosos padres enfrentaban una crisis económica severa y la pobreza nos rodeaba al punto de no tener para la ropa, los regalos o un viaje.

Y si algo se me sale de las manos, ¿Qué hago?

Lo que podemos hacer es cambiar la mirada: dejar de ver lo que nos falta, enfocarnos en lo que sí tenemos, y, más aún, aprender a centrar nuestra vida en lo que realmente tiene valor.

En mi caso, estas cinco navidades he aprendido a restarle importancia a la ropa, a los viajes o cualquier cosa material, y he sabido valorar lo que realmente importa: tener a mi amada esposa a mi lado, a mi hijo conmigo, a mis padres y hermanos. Tanto ha pasado desapercibido, que la pinta de última moda que debo ponerme me resulta irrelevante.

Sinceramente, me entristece más la compañía que no está, que el dinero que falta. De seguro me dirás: “Javier, cuánto desearía tener a mi mamá, a mi papá, a mi esposo/a o a mis hijos aquí a mi lado. Lo cambiaría por toda esta ropa, viajes, dinero o lo que sea, solo por tenerlos aquí en Navidad.”

Javier, ¿y cómo vivo la Navidad sin la compañía de ese ser que tanto amo? Aun en esta dolorosa circunstancia, podemos elegir mirar lo que tenemos en nuestras manos. Observa a tu alrededor: tienes personas a tu lado que te aman (un hijo, una madre, un padre, un amigo/a, una pareja, un abuelo/a). Son seres que han elegido acompañarte y que, en Navidad, podemos dejar de lado por estar nublados en la ausencia del ser que no podrá estar.

Es posible que me digas: Javier, pero ese ser que falta es mi hijo/a que partió de este mundo, o ese papá, hermano, amigo… “¿Qué hago?” Hazlo parte de la Navidad con los que aún están contigo. ¿Cómo se hace eso? Con la Esperanza.

Si hay una cosa que me encanta de la Navidad es su significado, ¿sabes cuál es? Exacto: ESPERANZA. Si no lo sabías, cuando nace Jesús (Natividad – Navidad), nace con Él la esperanza de que aquellos que se separaron de nosotros por la muerte, no serán separados para siempre. En Jesús y por su vida eterna, la fe nos volverá a unir con ellos. Por ello, vive esta Navidad en fe (con certeza y convicción) sabiendo que tu ser amado no ha muerto, sino que vive; solo están separados por corto tiempo. Además, creo profundamente que la muerte nunca podrá vencer el amor con el cual estamos conectados con ellos.

Por ello, nuestros ojos en Navidad deben estar totalmente concentrados en lo más valioso: en la vida y en la Esperanza que un Niño nos vino a dar hace más de dos mil años. Eso es lo importante, más que lo material que podamos tener o no tener en estas lindas fiestas.

Mis queridos lectores, desde lo más profundo de mi corazón y de parte de mi hermosa esposa y mi querido hijo Emmanuel, les deseamos una Navidad llena de mucha Paz, y que su mirada esté enfocada en el total agradecimiento, esperanza y por todo aquello que hoy pueden tener.

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