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Gracias Montería, por tu hospitalidad

En ti convergen tus tradiciones: los planchones, los porros y pullas de María Varilla, tu río Sinú, con las apuestas nuevas.


Montería. Hace ya un año que nos conocimos y desde entonces ambas hemos cambiado, Montería. A ti llegué sin mayor libreto, sin algo previo y vaya que me has sorprendido.

Dicen que eres pequeña, intermedia es el término, pero te haces grande para los demás porque eres gentil, recibes a los otros cordobeses, a los del Urabá, a los paisas. Me recibiste a mí. Eres una mezcla del aire que te rodea sin perder el tuyo.

En ti convergen tus tradiciones: los planchones, los porros y pullas de María Varilla, tu río Sinú, con las apuestas nuevas como la Feria de la Lectura, la bicicleta como medio alternativo de transporte o espacios para el emprendimiento. Porque tienes melao para eso, para impulsar las ideas creativas.

El monteriano tiene su ritmo particular, una marcha acelerada de a ratos y otros tantos con menos revoluciones. Es un paso al que hay que saber acoplarse. Yo me he topado con tus hijos buenos, que te representan bien y se enorgullecen hablando en la oficina, en el tráfico, en un taxi, en las redes sociales, en el centro comercial, en otras ciudades, de todo tu cambio y de toda tu oferta.

Eso sí, en las horas picos desesperas…el ruido, el corre-corre y el intenso sol se juntan y aturden un poco pero la tarde calma; esa brisa sonora de la Ronda del Sinú, las idas y venidas tranquilas de los planchones, el río apaciguado, tus atardeceres color fuego, armonizan, transmiten.

El verde que te arropa es tu poder mágico, tu boleto al futuro, a uno lindo para los que van creciendo y los que vendrán. Hoy estás caminando despacio por ese sendero de aromas del campo, despacio porque el camino toma su tiempo, pero vas bien.

En una década te imagino mucho más pujante, realizada en otras facetas, mucho más atractiva, la más linda de la Costa porque no tienes nada que envidiarle a tus vecinas del Caribe.

Sí, claro que puedes ser mejor y claro que faltan barreras que superar, cosas por hacer, obras por construir, calles por mejorar, espacios por adecuar. Y es allí donde tus hijos tienen la tarea más grande, la de comprometerse, impregnarse de ti, defenderte, cuidarte y respetarte, ser ejemplo.

Yo no soy tu hija, pero me recibiste sin mayor reserva y lo menos que puedo hacer es darte un poco de lo que sé hacer bien todos los días, querer hacer más y ser mejor y hablar de lo bonito que tienes a quienes me preguntan porque me gustas, me gusta la variedad de tu gente, tus aromas, la cercanía que tienes con todo lo que me agrada, tu esencia sinuana. Gracias, Perla del Sinú.



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