
Propuso la Creación de la Emisora Unisucre FM Estéreo a la Universidad de Sucre de la cual fue director durante 10 años.
Opinión/ Por Manuel Medrano
Los fuertes vientos huracanados que han venido soplando desde la Habana, Cuba, desde hace cuatro años han tenido alterados a quienes tienen una percepción fatalista del futuro de Colombia después de la firma de los acuerdos con la FARC, con el argumento de defender una democracia inexistente y auspiciados por los latifundistas y los empresarios que se lucran de la guerra.
El panorama es preciso para hacer una retrospectiva del país que hemos intentado destruir y ha prevalecido muy a pesar de los políticos y la corrupción campante, y esta afirmación tiene fundamento si nos apoyamos en lo que dice el periodista y escritor español Francisco Rubiales en su obra Políticos, los Nuevos Amos: “los políticos son el santuario del poder. Han sojuzgado al Estado y lo han convertido en víctima. Amparados en el poder público, han tomado y sometido también a la sociedad y a las masas. No existe sobre la tierra otro poder que se les compare. Acorazados por la legalidad que les otorga la democracia participativa. La elevada impunidad de los políticos forma parte de los privilegios de los nuevos amos y la sociedad se ha tornado indiferente y ya ni siquiera les exige responsabilidades”.
Los políticos se olvidaron de hacer las reformas necesarias, en aras de convertir a Colombia en un país más incluyente y democrático, para que el imperio del capitalismo salvaje y la corrupción no siguieran erosionando el tejido social que es tan fundamental para la existencia de una verdadera democracia. Los acuerdos de la Habana vendrán a llenar el gran vacío que ha dejado nuestra dirigencia política por dedicarse todos estos años al legislar para sus propios intereses y han estado más pendientes de la burocracia y su enriquecimiento personal.
Después de la firma de los acuerdos con la FARC seguramente se acabará el monopolio de los medios de comunicación que se han convertido en manipuladores de la opinión pública y tendrán que sufrir una importante democratización y se dará evidentemente la recuperación del país agropecuario para que el campo sea más productivo y por supuesto más competitivo.Y el valor de educar a los colombianos para que sean más proactivos en el campo de la política en el mejor sentido de la palabra. Vale la pena recordar que alguien dijo“que si no te metes con la política ella se mete contigo afectando directamente tu entorno familiar”. Para nadie es un secreto que las grandes decisiones las toman los políticos y es por eso que es necesario el devenir de una nueva generación de políticos comprometidos con una Colombia próspera que le posibilite a los ciudadanos desarrollar todas sus potencialidades.
El conflicto armado en el lapso de 50 años deja más de 7 millones de desplazados y 33 mil secuestrados, por eso hay que celebrar el final de un proceso, el cual era imposible imaginar hace dos años, independientemente de los errores cometidos por el Presidente de la República Juan Manuel Santos, pero pasará a la historia por el inicio de un proyecto comprometido con la construcción de un país que debe reducir el conflicto armado a su mínima expresión a pesar de la jauría de los agoreros de la guerra que le endosan muchos perendengues a la paz, por ejemplo que para que haya paz no debe existir la pobreza, el narcotráfico y la delincuencia común; problemas que existen en diferentes países de Latinoamérica y no tienen conflicto armado.
La ignorancia del pueblo es lamentable y queda en evidencia la falta de interés por lo público y especialmente en la participación de la refrendación de los acuerdos a través del plebiscito que se realizará el dos de octubre.
Vale la pena recordar lo que dijo en 1920 el filosofo ruso Ayn Rand: “Cuando te das cuenta que, para producir, necesitas obtener autorización de quien no produce nada. Cuando compruebas que el dinero es para quien negocia, no con bienes sino con favores. Cuando te das cuenta que muchos son ricos por sobornos e influencias, más que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, sino por el contrario son ellos los que están protegidos. Cuando te das cuenta que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en auto sacrificio. Entonces podría afirmar sin temor a equivocarme, que tu sociedad está condenada.”
Por esto y mucho más hay que celebrar los acuerdos de la Habana.





