El hombre desde sus inicios, como víctima o victimario, siempre ha estado tocado por la mentira. Es así como Satanás, el primer mentiroso de la historia, se la tiró a Eva; la primera mujer, para que esta a su vez se la tirara a Adán; su compañero y juntos comieran del fruto prohibido; una manzana, que según parece es otra mentira de la historia porque en esa época ni siquiera existía el tal árbol de manzano.
Verdadero o no, lo cierto es que a muchos les quedó gustando el sabor de la mentira, pues en la forma como esta aumenta de boca en boca, de micrófono en micrófono y de plaza en plaza, debemos suponer que este antivalor es dulce como la miel, además picantico, divertido y con un no sé qué que hace perder la cabeza a quienes lo inventan y más a quienes lo reproducen como verdolaga en playa.
Muchas personas dicen que mienten para quedar bien, otras para conseguir algo, otras por simple diversión, otras para tirárselas de artista, otras como mecanismo de supervivencia y algunas para esconderle a seres queridos una cruda realidad que las conduciría al sufrimiento, estas son las llamadas mentiras blancas. Según todo este listado, se cree que hay más de 10 tipos de mentiras.
Colombia, nuestra querida patria, como tantos otros países, tiene toda esta diversidad, pero la que cada día se impone más, como una bandera nacional, es la mentira negra. Esa que busca hacer el mal, confundir, engañar, levantar falsos testimonios para acabar con el otro a como dé lugar, y como van las cosas, muy pronto este cuento de echar mentiras, estará convertido en nuevo deporte nacional.
La historia de El Pastorcito mentiroso o de Pinocho, quedaron vueltas trizas ante la avalancha de mentirosos que vemos y escuchamos a diario en televisión, radio, periódicos, redes sociales, etc. Parodiando un poco a El Indio Duarte en su poema “besa el rico, besa el pobre…”, en Colombia miente el rico, miente el pobre, miente el político, miente el periodista… y todos sin sonrojarse siquiera.
La familia, la escuela, el colegio, la universidad y otras instituciones, supuestamente formadoras de hombres dignos, no han podido evitar que se oficialice la mentira en Colombia, porque grupos tan poderosos ante la opinión como los políticos, algunos periodistas y algunos líderes sociales han logrado que lo falso tome preponderancia, influyendo enormemente en la degradación de la sociedad.
El hecho de que políticos mentirosos logren cantidades de votos en elecciones, debería declararse “Afrenta Nacional”, y luego intentar una cruzada para evitar que en el futuro repitan la “malsana hazaña”, pero qué va, da tristeza ver como “personas de bien” se dan la pela por estos embaucadores, y así es muy difícil, entonces que Dios nos coja santiguados porque a esto no hay barranco que lo ataje.





