James Rodríguez puso fin a su etapa con la Selección Colombia. El mediocampista comunicó su decisión en un pronunciamiento a los colombianos, en el que repasó su recorrido desde los primeros llamados hasta convertirse en figura de la Tricolor.
El futbolista definió el uniforme nacional como una ilusión y, a la vez, como un compromiso: “Vestir esa camiseta fue un sueño, pero también una responsabilidad enorme”, declaró.
Desde su debut con el combinado patrio, James se trazó la meta de entregar la camiseta en un nivel superior al que la recibió. “Quería aportar, quería dejar huella, ayudar a que Colombia creyera que podía competir contra cualquiera. Hoy, mirando el camino recorrido, siento que lo conseguí”, sostuvo.
El volante atribuyó ese logro a toda una camada de jugadores que devolvió a la hinchada la confianza de enfrentar de tú a tú a las potencias mundiales, con el respaldo del país durante años.
Portar el número 10 y el brazalete de capitán representó para él un honor. “Siempre intenté hacerlo con respeto, con responsabilidad y entendiendo lo que significaba representar a Colombia”, señaló. Reconoció también que atravesó etapas complejas sin perder el orgullo por los colores nacionales.
Sus hijos, Salomé y Samuel, ocuparon un espacio central en la carta de despedida. Según el deportista, lo acompañaron en partidos, viajes y festejos, y le dieron fuerza en los tramos de mayor exigencia.
“Muchas veces jugué por ellos, cuando estaba cansado, cuando había presión, cuando las cosas no salían como yo quería”, contó. Su deseo, añadió, siempre fue que se sintieran orgullosos de verlo defender al país con amor y entrega.
El jugador extendió su gratitud a compañeros, entrenadores y demás integrantes del equipo nacional que compartieron su trayectoria.
A los hinchas les agradeció su compañía en las alegrías y en los golpes: “Gracias por celebrar conmigo, por sufrir conmigo, por exigirme, por apoyarme y por hacerme sentir su cariño en cada rincón del mundo”.





