Graduados de Homicidas

Javier Mauricio Otero Díaz
3 meses atrás

Hace unos días, el 7 de diciembre, una hermosa mañana en la Sabana Cordobesa, cuando me disponía a desayunar con mi familia, se vio empañada por una noticia desafortunada que me despertó tristeza y enojo al mismo tiempo.

Tristeza por el sobrinito de una amiga que queda sin padre y por una familia sumida en el dolor, precisamente en un mes que celebra la vida.

Y rabia porque, una vez más, alguien se “graduó” de homicida. No con un arma de fuego o corto punzante, sino con un arma que anualmente cobra miles de vidas, incluso más que las convencionales: el carro.

Siento frustración, mezclada con enojo, al saber que los seres humanos nos comportamos con terquedad e imprudencia. Si pudiera ser totalmente honesto y no contener mi indignación profesional, usaría términos más duros para describir esa conducta, como la estupidez. La cual nos nubla en una atmósfera de temeridad y falsa seguridad, haciéndonos creer que podemos violar las normas y salir ilesos.

Si quieres convertirte en homicida, solo tienes que hacer una cosa: incumple las señales y leyes, rómpelas, y tarde o temprano acabarás con tu vida y la de los demás.

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Me pregunto, ¿acaso no entendemos la función de una señal de tránsito? La respuesta obvia es SÍ “entendemos”. Pero esa “entendimiento” revela el grado de irresponsabilidad que asume nuestra mente al volante, manifestado en acciones como las siguientes:

  • Pasarse un semáforo en rojo.
  • Acelerar más rápido cuando el semáforo está en amarillo.
  • Cuando la norma indica 80 kilómetros por hora y se viaja a 120.
  • Ignorar un resalto sin bajar la velocidad solo por tener una camioneta.
  • Creerse Juan Pablo Montoya y sobrepasar líneas continuas.

Pregúntenles a los homicidas al volante y les darán cátedra sobre cuáles son las señales que infringieron antes de matar a alguien.

Yo mismo cometí algunas de estas imprudencias cuando comencé a conducir. Pero un día me di cuenta cuán estúpido era al manejar así, y decidí cambiar. Cambié para proteger a mi hijo, mi esposa y a las familias que viajan cumpliendo las normas. Cambié por mi vida y por lo que represento para quienes me aman.

¡Tú, que como yo cometías imprudencias en un carro o moto, PARA! Antes de tomar ese volante, piensa que un auto es un arma, igual o peor que una pistola. Si no lo sabes manejar o si te saltas las señales, acabarás con la vida de un padre, de una madre, de unos niños, o, peor aún, con la vida de tu propia familia. ¡DETENTE! Ya basta de tanta irresponsabilidad.

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Por favor, en este diciembre, si vas a beber, no seas tan irresponsable de manejar. No te conviertas en un homicida. Cada vez que veas una señal, RECUERDA: ha sido puesta allí por profesionales con el único objetivo de que no le quites la vida a otros, ni a ti ni a los tuyos.

Esta columna ha sido escrita con tristeza, frustración y enojo, porque cuando pienso en ese niño que no tendrá a su papá en Navidad, se me hiela la piel. Ese niño podría ser el mío o el tuyo…

Por favor, no más conductas homicidas al volante. Familiares, no permitan que sus seres queridos se conviertan en asesinos. Amigos, parejas, compañeros: si ven a alguien ser un potencial homicida al volante, sean firmes, intervengan, y si es necesario, bájense de ese vehículo.

Ya basta de matar gente con el arma de la estupidez. ¿Acaso vale más el placer momentáneo de unos pocos que el dolor de muchos, como el de este niño en Navidad?