Germán Bula Hoyos: el hombre que sembró futuro en Sahagún

Raúl Antonio Aldana Otero
19 minutos atrás

El pasado 27 de agosto, Sahagún rindió homenaje póstumo al doctor Germán Bula Hoyos, uno de sus hijos más ilustres. Más que recordar al juez, representante, senador, presidente del Congreso, gobernador de Córdoba, ministro de Agricultura y embajador, fue una oportunidad para recordar al visionario que entendió que el verdadero desarrollo de una región comienza por la educación.

Bula Hoyos miró mucho más allá de su tiempo. Impulsó la llegada a Sahagún de las dos Escuelas Normales, la de varones y la de señoritas, convencido de que formar maestros era una manera de transformar generaciones. Y tuvo también un papel en los albores de la Universidad de Córdoba, cuyo primer rector, Elías Bechara Zainúm, fue designado en 1964 durante su gobierno departamental.

El resultado de aquellas apuestas se puede observar todavía hoy: generaciones de docentes y profesionales formados en Córdoba que terminaron llevando conocimiento a distintos lugares de Colombia. Como señaló durante el homenaje su hijo, el exministro de Educación Germán Bula Escobar, aquella visión contribuyó a convertir estas tierras en una verdadera fábrica de formadores, con profundas consecuencias sociales y económicas.

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Pero hubo una declaración que, a mi juicio, resume de manera extraordinaria la dimensión humana de Bula Hoyos.

El doctor Abelardo de la Espriella, padre del actual presidente de Colombia, contó durante el homenaje cómo Bula Hoyos lo acogió y le abrió oportunidades decisivas al comienzo de su vida profesional. Lo escuché personalmente afirmar que quizás, si Germán Bula Hoyos no lo hubiera acogido y ayudado, su hijo no sería hoy presidente de Colombia.

Más allá de la política, aquella frase contiene una verdad poderosa: nadie sabe hasta dónde puede llegar una oportunidad ofrecida a tiempo.

También estuvieron presentes integrantes de la familia Bula, entre ellos la doctora Olga y Jorge Iván Bula Escobar, parte de una familia que ha dejado una reconocida huella en la vida académica, cultural, diplomática y pública del país.

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Por eso creo que el mejor homenaje a Germán Bula Hoyos no consiste solamente en recordarlo, sino en preguntarnos qué hemos hecho y qué estamos haciendo para continuar aquella visión.

Su verdadero monumento no está en una placa. Está en cada maestro formado en las normales de Sahagún, en cada profesional que pudo estudiar en la Universidad de Córdoba y en cada vida transformada por la educación.

Los cargos pasan. Los gobiernos cambian. Las elecciones terminan. Pero quien siembra educación sigue gobernando el futuro mucho después de haber dejado el poder.

Germán Bula Hoyos sembró.

Y Sahagún todavía vive de aquella cosecha.