Eutanasia: Noelia y Jesús. Los que se quitan la vida y los que la entregan

Javier Mauricio Otero Díaz
2 horas atrás

Durante estos días de Pascua, es muy posible que te hayas cruzado con el caso de Noelia y, a la vez, con contenido acerca de Jesús. Coincidencia o no, la verdad es que en estas dos personas se encuentran representados los dos polos o tipos de actitudes que se suelen tener ante el sufrimiento y el dolor: las personas que se determinan a quitarse la vida y las que eligen entregarla.

Si hay algo seguro que viviremos todos los seres humanos es el dolor y el sufrimiento; es una cita que no podremos evadir, al igual que la muerte. Por tanto, no tenemos la opción de la evasión, sino del afrontamiento. Esto nos pone ante dos caminos: el camino que se representa en Noelia o el camino que se figura en Jesús. Es decir, que ante el sufrimiento y el intenso dolor, escojamos quitarnos la vida o entregarla por completo. ¿Cuál escogerás?

¿Por qué algunas personas ante el dolor y el sufrimiento se quitan la vida? ¿O por qué otros, ante el intenso sufrimiento y dolor, eligen no quitarla sino entregarla?

Los que eligen quitarse la vida.

Este grupo de personas manifiestan que la vida no tiene sentido ni propósito, que no tienen a quién amar o quien les ame. Cuando la visita inaplazable del sufrimiento y del dolor llega a personas con estas características, el padecimiento es insoportable y agobiante, porque la mente no tiene herramientas, recursos o protectores que le resguarden del impacto de la aflicción.

Sin razones ni sentidos, el sufrimiento y el dolor aumentan su presencia en carne y corazón.

Por más de 10 años he estudiado y trabajado la conducta suicida, he podido comprobar que, si hay algo de lo cual están determinados y totalmente convencidos este tipo de personas, es que la muerte es la mejor opción para acabar con el dolor y descansar del sufrimiento. Y este convencimiento no es irracional; tiene razones sustentadas en hechos para llegar a concluir que lo mejor es quitarse la vida, como en el caso de Noelia.

Esta ferviente determinación, acompañada de razones y hechos, es tan fuerte que es capaz de convencer hasta a un comité científico de expertos de que lo mejor que pueden hacer por ella es quitarle la vida.

Comprender la determinación de Noelia nos obliga a mirar el otro polo, no para juzgar, sino para entender que ante el mismo abismo existe otra respuesta posibles…

¿Por qué, entonces, personas que también atraviesan casos de intenso dolor y sufrimiento no eligen quitarse la vida sino entregarla?

Quienes eligen este camino, por el contrario, no desean quitársela bajo ninguna circunstancia, aunque esto implique un padecimiento crónico o agudo. Consideran que la vida es tan valiosa que el dolor o el sufrir no son razones suficientes para dejar de vivir.

Sus propósitos y el sentido del “qué” y el “porqué” vivir están por encima de cualquier malestar. Esto hace que, en medio de los malestares crónicos que puedan estar atravesando, logren encontrar respuestas y razones que trascienden la enfermedad, el abandono, la pobreza, la tristeza, la injusticia o el rechazo.

Sus convicciones son tan fuertes que en medio de la tormenta del dolor sienten la necesidad de seguir entregando sus pocas fuerzas a seguir viviendo. Solo logran ver la muerte como la entrega de la vida y no como la supresión de esta; solo la dejan ir si existe un propósito mayor, como por ejemplo salvar la vida de los demás.

Es por ello que estas personas no creen en el “mito del descanso”; es decir, en la muerte como salida, aunque médicos, psiquiatras, psicólogos o comités científicos les digan que la mejor opción es la eutanasia.

Ellos consideran que la eutanasia es, en realidad, la derrota de la medicina y las ciencias de la salud mental frente al padecimiento humano. Son tan persistentes en el valor de la vida que creen que entregándola vencen al dolor, al sufrimiento y hasta la misma muerte.

Esta columna no trata de Noelia, ni tampoco de Jesús; estas letras tratan de ti y de mí. Porque tanto Jesús como Noelia ya han decidido cómo afrontar el dolor y el sufrimiento. Ahora, o después, cuando el sufrimiento o el dolor toquen a la puerta de tu casa, nos tocará decidir a nosotros: ¿Cómo los esperarás? ¿Cómo los afrontarás? > ¿Lo harás con la fuerza y la esperanza de que la vida vale más que el sufrimiento, o con la convicción de que la vida no es suficiente ante el dolor?”