El Comando Sur de los Estados Unidos ejecutó con éxito la detención del petrolero Verónica en aguas del Caribe, bajo el argumento de que la embarcación desafiaba la cuarentena impuesta por el gobierno de Donald Trump a buques sancionados.
Esta operación se realizó sin incidentes y forma parte de una ofensiva mayor contra el tráfico de crudo y el narcotráfico en la región, consolidando el control estadounidense sobre las rutas marítimas clave.
La incautación es consecuencia directa del giro político radical ocurrido tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa el pasado 3 de enero. Desde entonces, Washington ha manifestado su intención de controlar los recursos petroleros venezolanos de forma indefinida, con el fin declarado de reconstruir la infraestructura energética del país y desmantelar lo que denominan la “flota fantasma” de naciones sancionadas como Irán y Rusia.
Este escenario ha escalado las tensiones internacionales, especialmente con el Kremlin, tras la reciente interceptación de un buque de bandera rusa escoltado por un submarino.
Mientras el control militar se intensifica, informes de inteligencia de la CIA sugieren que, a pesar del cambio de poder, sectores previamente leales al chavismo podrían ser necesarios para garantizar la estabilidad interna de Venezuela frente al vacío de poder.






