El reto de encender la confianza en el Caribe

Por Ricardo Arango Restrepo
5 meses atrás
Foto | La Razón

6,5 millones de familias en el Caribe tienen hoy su luz encendida gracias a la prestación de un servicio de energía que ha pasado por múltiples manos, en el intento de mantener una operación continua y de calidad. 

Para Afinia, el camino no ha sido nada fácil. La realidad ha mostrado que la urgencia de las inversiones en infraestructura, por momentos, ha relegado lo más importante: unirse verdaderamente con la comunidad y trabajar de la mano con ella para transformar la relación con el servicio y abrir nuevas oportunidades a la solución.

Las inversiones en infraestructura ascienden a $3 billones y representan 177% más que las de operadores anteriores. Aunque son muy significativas, no son suficientes frente a las necesidades de un territorio donde el 91% de los usuarios pertenece a estratos socioeconómicos bajos. Estos usuarios tienen unas profundas complejidades socioeconómicas que deben ser atendidas por diferentes actores y no pretender que solo una empresa de servicios públicos cargue con la solución.

Son familias cuyos ingresos muchas veces provienen de la informalidad y deben dividirse entre alimentación, arriendo, educación y salud, en un contexto donde los costos de los servicios públicos se enfrentan a un pasado de rezagos y a la arraigada idea de conectarse por fuera de la norma o no pagar por un servicio que durante años fue deficiente.

 Con el paso del tiempo, los indicadores reflejan un escenario cada vez más desafiante. A la fecha, la deuda por subsidios asciende a $413 mil millones, debido a que el Ministerio de Hacienda no ha girado los recursos que cubren hasta el 60% del consumo de subsistencia (173 Kw) de los estratos 1, 2 y 3. Actualmente el consumo promedio de una familia en el Caribe puede llegar a los 300 Kw, lo que significa un consumo poco eficiente y muy por encima del promedio de otros territorios de la geografía nacional con iguales condiciones de temperatura y humedad.

En términos simples, Afinia suministra energía por la que no recibe ni siquiera el porcentaje al que esos ciudadanos tienen derecho por subsidios. A esto se suma un bajo nivel de recaudo (inferior al 80% del valor que factura), en un escenario de pérdidas que supera el 28%. Esta situación es insostenible desde todo punto de vista para cualquier actividad empresarial.

Menciono este punto, porque con esos recursos de los subsidios sería posible acelerar la construcción del tejido social que necesitamos para transformar desde la raíz la cultura alrededor de la energía. Solo así podremos lograr una nueva comprensión sobre lo que significa la energía en la vida de cada persona.

Esa tarea de trabajar de la mano con y para la comunidad ya comenzó. Vamos en más de 130 encuentros comunitarios en zonas de difícil acceso o situación de orden público. Esto ha permitido en este último año que Afinia escuche, dialogue y avance junto a líderes locales que hoy se convierten en aliados clave. 

Gracias a ellos, se lograron procesos de normalización de redes y la implementación del sistema de energía prepago, que ya beneficia a 9 mil familias en toda la región con excelente acogida y resultados. Estas familias ejercen autocontrol sobre su consumo y son pioneras en una de las soluciones más prometedoras para que el servicio sea más accesible, sostenible y beneficioso para todos, en el mediano plazo.

Transformar una realidad tan compleja exige una fórmula precisa que llame a la perseverancia, compromiso, apertura al cambio y agilidad para actuar. De parte de nuestros 1.449 colaboradores directos y los 6 mil indirectos, eso implica conexión con el propósito, transferencia constante de valores y un proceder guiado por la ética, que es pilar esencial e innegociable.

Necesitamos del apoyo decidido y activo de los líderes gubernamentales, comunitarios y de toda la institucionalidad. Sabemos que la energía no siempre ocupa un lugar amable en la agenda pública. Sin embargo, su escucha, comprensión del entorno y disposición a construir proyectos conjuntos resultan indispensables para fortalecer la legitimidad del servicio.

De la sociedad civil esperamos cumplimiento con el pago, no hurto, paciencia y comprensión en tanto desarrollamos toda la labor que nos corresponde desde nuestro rol. Es cierto que en esta lucha por superar el pasado y transformar la realidad hacia ese ideal con el que todos soñamos, cometemos errores y fallamos.

Pero también es cierto que enfrentamos los desafíos con resiliencia, en una geografía golpeada constantemente por fenómenos sociales, económicos y naturales que nos agobian, destruyen nuestra infraestructura. Aún así y sin importar los resultados financieros en muchas zonas, llegamos a repararla con esfuerzo, en cumplimiento al deber y responsabilidad con las poblaciones. 

Traigo a este espacio una reflexión de Ronald Heifetz, que dice que “los cambios culturales son de naturaleza adaptativa: requieren que las personas reconfiguren sus valores, lealtades y hábitos profundamente arraigados”.

Por eso, la invitación es a todos los líderes, a que nos unamos en ese cambio de comportamiento que necesita nuestra cultura para hacer posible la construcción de una nueva. Solo así podremos consolidar un servicio que no solo ilumine los hogares, sino también, el camino hacia un futuro de progreso compartido. 

Cada día y sin pausa trabajamos sobre el reto de encender la confianza en el Caribe.