Jean-Dominique Bauby, un escritor y periodista francés, experimentó la gloria de una vida brillante en el ámbito del periodismo y las letras. Todo parecía ir en aumento, pero a los 43 años sufrió un derrame cerebral que lo forzó a vivir en el encierro más brutal: el síndrome de cautiverio. Su cuerpo quedó atrapado, incapaz de moverse, hablar o comer; solo su párpado izquierdo se movía, la única vía para el mundo. Sin embargo, su mente siguió clara y vibrante.
Desde esa pequeña grieta optó por desafiar su destino. Con un parpadeo como pluma y la paciencia inagotable de una enfermera que recitaba el abecedario, iba seleccionando letra por letra y palabra tras palabra hasta formar una historia. Más de doscientos mil parpadeos, nacidos en el silencio absoluto, formaron una obra improbable: La escafandra y la mariposa.
El 9 de marzo de 1997, dos días después del lanzamiento de aquel libro, su corazón dejó de latir. Su arte no desapareció, aunque su cuerpo sí lo hizo. Bauby no se resignó a morir vencido; decidió batallar con la valentía de quien conoce que la memoria es capaz de derrotar a la muerte. No tuvo papel ni lápiz, pero sí la valentía del narrador que encuentra siempre la forma de dejar un rastro, incluso si es solo con un parpadeo.
Pedrito, la obra que el pintor Fernando Botero le dedicó a su hijo menor, se destaca entre las creaciones más emotivas de este artista. En 1974, cuando viajaba por la vía que conecta Sevilla y Córdoba en España, el destino cambió de repente: el vehículo se dio vuelta; Botero sufrió varias fracturas, y el niño Pedrito, que tenía solamente cuatro años de edad, falleció.
El pintor, consumido por el dolor de la tragedia, halló en el arte una protección contra la ausencia. Su dolor se convirtió en trazo y color, y en el lienzo la memoria se volvió un homenaje. En ese lugar, su hijo se presenta como el personaje principal, esculpido con la volumetría inconfundible de su estilo; sin embargo, está impregnado de una particular tristeza y ternura.
Más que un retrato, Pedrito es una prueba íntima, una forma de resistencia ante el olvido: la pintura se transforma en abrazo, en esfuerzo por extender la presencia del hijo a la eternidad del arte. En ella, Botero muestra la fragilidad de un padre que se despide, pero también la fortaleza inquebrantable de un amor que sobrepasa a la muerte y permanece por siempre en las formas y los colores.
La poeta y escritora Piedad Bonnett, de forma desgarradora y nostálgica, narra en su libro “Lo que no tiene nombre” el suicidio de su hijo Daniel. De una u otra forma fue el desahogo de un dolor de madre plasmado en el papel. Escrito de manera magistral, atrapando al lector desde la primera a la última palabra. Piedad continuó su vida de escritora. La catarsis fue el libro dedicado a su hijo. No se desconoce su prosa y narrativa de altura, pero sin obviar el tono profundamente humano de quien ha sido testigo de enfermedades mentales y suicidio en el círculo familiar más cercano.
Para el año de 1986, el cantante cartagenero de música tropical Joe Arroyo grabó en su álbum Echao pa’lante junto a su orquesta La Verdad, la canción Tania, dedicada a una de sus hijas. La canción fue un éxito musical. En 1993 grabó por segunda ocasión otra composición dedicada a Tania. Apareció en el álbum Toque de clase con el nombre “Tania II”. Lo anterior denotaba el amor profundo y consentido que el cantautor colombiano (Ganador de 18 Congos de Oro y 4 Super Congos en el Carnaval de Barranquilla) profesaba por su hija.
Pero el destino le tenía preparada una prueba de fuego, quizás la más compleja que lo marcaría para siempre. El 31 de octubre del año 2001, Tania fallecería a la edad de 26 años a causa de una afección cardiovascular. Los reflectores del mundo del espectáculo se enfocaron ante el Joe. Algunos vaticinaban el declive o retiro de uno de los artistas más afamados en la historia de la música colombiana. Pero no fue así, fui testigo que, a menos de un mes de la muerte de Tania, en un concierto, el astro de la música tropical se desenvolvía en el escenario y después de cantar Tania, bajó de la tarima, lloró, se sumió en el dolor, sacó de su garganta profunda y sonora un grito desesperado y subió nuevamente a complacer a su público.
Son muchos los pintores, músicos, escultores, escritores, actores, y personalidades del mundo del arte que han sobrellevado las cargas y han sometido el dolor en el oficio para disipar y minimizar el yugo. Otros en cambio se encerraron y huyeron del caos de la sociedad y dejaron que la adversidad carcomiera sus vidas. Qué difícil es tener que mostrar una cara ante el público, cuando tu alma se desmigaja en medio de problemas como cualquier mortal que sufre y llora.
Odalis Yaneth Morales Velásquez, artesana indígena zenú de Tuchín, Córdoba, nació sin brazos, pero aprendió de forma magistral la técnica de tejer caña flecha con los pies. Crea sombreros, pulseras, manillas, bolsos y otros objetos, quizás con mayor estética que otros artesanos que lo hacen con sus manos. Odalis vive en Bogotá, y desde allá, en un local del centro, hizo una vida común y corriente, dejando que los saberes ancestrales de las artesanías no se coartaran en una deficiencia corporal de nacimiento. Antes, por el contrario, ha logrado seguir retransmitiéndolo entre sus generaciones.
Es posible que Jean Dominique, el periodista y escritor francés, no quisiera ser recordado únicamente en la intimidad de sus seres queridos —condenado a desaparecer cuando ellos se fueran—, sino dejar huella en la memoria colectiva. Y lo consiguió. Desafiando el verso de Borges que sostiene “Una persona desaparece de este mundo, cuando el último que lo recordaba, también desaparece”. La hazaña de escribir a punta de pestañeo lo hizo inmortal.
Dominique Bauby será registrado en la eternidad, un testimonio encendido de que cuando la pasión y el arte emergen desde lo más profundo del ser humano, no hay prisión —ni siquiera la del propio cuerpo— que pueda reprimirlos.
POSDATA: Este martes 30 de septiembre se cierra la convocatoria de la segunda edición del Premio de Periodismo Cultural Guillermo Valencia Salgado. Postulaciones en www.ppcc.com.co
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