En el Corregimiento Martínez de Cereté, donde las leyendas y los misterios se entretejen entre los muros de la antigua parroquia, la desaparición de la vieja campana de bronce que antaño anunciaba la misa dominical ha dejado mudo al campanario y ha sumido a los habitantes en un mar de confusión y desconcierto.
Fue una tarde de julio, cuando los fieles se preparaban para rendir homenaje a la Virgen del Carmen, que notaron con estupor la ausencia de aquel elemento que por 14 años había sido testigo de las alegrías y las penas de la comunidad. La noticia se esparció como la pólvora por las calles polvorientas de Martínez, y pronto los rumores y las especulaciones comenzaron a circular como hojas arrastradas por el viento.
Unos aseguraban que los amigos de lo ajeno, esos ladrones tan diestros en el arte del hurto, habían robado la campana y que seguramente ya se encontraba fundida en algún mercado de chatarra. Otros, con mirada suspicaz, señalaban a los enemigos políticos del alcalde, insinuando que todo era una trama urdida para desacreditarlo y desestabilizar a la comunidad.

Mientras tanto, en los corredores de la alcaldía y la parroquia, las autoridades se afanaban por dar una explicación convincente. El coronel de la policía local, con una mirada que reflejaba más confusión que certeza, declaró que la campana había sido resguardada en una bodega por orden del párroco, quien a su vez afirmaba que la habían sustituido por unas cornetas electrónicas debido a unas “adecuaciones” en el campanario.
“Jamás hubo hurto de campana (…) todo el tiempo permanecieron dentro de la Iglesia, la habían bajado por orden del párroco porque al campanario se le harían algunas adecuaciones, desafortunadamente en el día de ayer alguna persona la echó de menos y se generó un rumor que se hizo público”, dijo, el coronel Javier Martín Gámez, comandante de la Policía Metropolitana de Montería.
Pero los habitantes de Martínez, acostumbrados a los misterios y a la magia que impregna cada rincón de su pueblo, no se conformaron con aquella explicación. Reclamaban a gritos la devolución de su amada campana, como si su ausencia rompiera un delicado hilo que mantenía el equilibrio entre lo terrenal y lo sobrenatural.
Y es que en Martínez, las cosas nunca son lo que parecen. Aquí, el diablo puede encarnarse en formas cambiantes, y las leyendas se entretejen con la vida cotidiana como si fueran parte de un sueño colectivo. Hace apenas tres años, los pobladores de la vereda la Ceibita, perteneciente a Martínez, aseguraron ver al mismísimo demonio encarnado en una extraña figura que se contorneaba a su antojo, dejando absortos y sin conocimiento a quienes la veían.
Ahora, el nuevo misterio que desean resolver es el de la campana de bronce. Algunos lugareños, como Álvaro Flórez, quien lleva 50 años viviendo en el corregimiento, expresaron su indignación: “Yo vivo lejos y todos los días escuchaba la campana, pero no sabía que lo que sonaba era un CD. Queremos que aparezca la campana porque es una reliquia del pueblo”.
El revuelo que causó la noticia fue tal, que hasta el mismísimo alcalde de Cereté, Francisco Padilla Petro, se vio obligado a intervenir. Con la mirada encendida y la voz firme, aseguró que todo se trataba de un rumor malintencionado, una trama política para indisponerlo con la población del Corregimiento, todo porque él no es católico.
Mientras tanto, el párroco, el Padre Gustavo Castaño, mantenía una postura más conciliadora. Explicó que las campanas habían sido sustituidas por unas cornetas electrónicas hace cuatro años, debido a un proceso de adecuación en el campanario, y que la campana ordinaria de la parroquia había sido guardada en una bodega durante todo este tiempo.
“Hubo un proceso de adecuación desde hace 4 años, las campanas fueron sustituidas por unas cornetas que se viene utilizando como campana electrónica, y la campana ordinaria de la parroquia está en bodega desde hace 4 años, ayer sencillamente corrió un rumor de que se habían robado la campana, lo cual no es constatable con veracidad”, señaló el religioso.

Declaraciones en su orden: Coronel Javier Martín Gámez, Francisco Padilla (Alcalde de Cereté); Gustavo Castaño, párroco de la iglesia.





