De la cancha y el escenario, al crecimiento económico

Boris F. Zapata Romero
1 semana atrás

¿Qué es invertir en deporte y cultura? La mayoría, al responder, imagina uniformes, instrumentos, tarimas, canchas y festivales, y concluye que es un gasto que socialmente vale la pena. Pero hay una idea más potente y compleja; siempre que se diseñen como un sistema productivo y no como una suma de actividades bien intencionadas, deporte y cultura también pueden ser política de desarrollo económico.

Lo primero es comenzar por ver la relación entre salud y productividad, y al deportista y artista como capital humano.

La economía real descansa sobre cuerpos y mentes funcionales. La evidencia en salud pública y economía de la salud coincide en algo básico, y es que la inactividad física cuesta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado costos agregados enormes para los sistemas sanitarios cuando la población no se mueve lo suficiente, y se traduce en general, en productividad por debajo del potencial. Así que, dicho en términos simples, invertir en actividad física no es únicamente prevención, es capacidad productiva sostenida.

De otro lado, es requisito ver la Cultura como sector económico; eso significa entender que genera empleo, empresa y producción monetizable (e incluso exportable). La UNESCO ha documentado que las industrias culturales y creativas tienen peso macroeconómico, pues generan empleo, ingresos, empresas, circulación de bienes y servicios creativos. Donde hay creación, hay cadenas de valor que inician desde la formación, pasando por la producción técnica, diseño, marketing, distribución, derechos, plataformas, etc.

Un tercer mecanismo para esta política de desarrollo económico, opera a través de escenarios y eventos. La inversión en infraestructura cultural y deportiva, y en grandes eventos, puede multiplicar la actividad económica a través del turismo, servicios, consumo local, contratación temporal y encadenamientos con comercio y gastronomía.

A esta altura, aparece un matiz clave, y es que la historia internacional enseña prudencia. La infraestructura por sí sola no garantiza crecimiento. La literatura crítica sobre subsidios a estadios o teatros, por ejemplo, muestra que muchas veces el impacto económico prometido se sobreestima o no se materializa, asi que no todo gasto en deporte y cultura es productivo. Se vuelve productivo cuando se diseña para producir resultados medibles y sostenibles. Así que la tesis que sostengo es que el gasto social puede ser política económica… si se hace con estrategia.

El dilema, o gasto social o desarrollo, es una lectura antigua. La política económica moderna también se hace invirtiendo en capital humano, cohesión social y posicionamiento territorial. Y en eso deporte y cultura pueden ser especialmente eficaces cuando se conciben como infraestructura social productiva. Claro está que el retorno económico no llega por milagro, porque invertir en cosas bonitas es fácil, pero invertir con un modelo de funcionamiento es el trabajo difícil.

¿Cuál es la diferencia práctica entre gastar en deporte y cultura y construir una estrategia de desarrollo basada en deporte y cultura? Empieza por mover con programas el posicionamiento territorial, el empleo, el turismo, el capital humano, y en general cada parte de la cadena del sector. Con ese objetivo, la estrategia debe sostener una cartera equilibrada entre personas, escenarios y eventos, es decir, personas con formación y rutas de talento (con articulación hacia oportunidades reales), escenarios (con infraestructura, mantenimiento y sostenibilidad), y eventos (con programación continua), que creen hábitos de oferta – demanda. Sin esa arquitectura, el proyecto de desarrollo tiende a quedarse en una lista de actividades, pero con ella, puede convertirse en un detonante de la economía local.

Hay referentes útiles, como el de Londres 2012, que se cita con frecuencia por una razón concreta, el éxito no fue el evento, fue el legado. En esos Juegos Olímpicos el acierto fue tratar la inversión como transformación territorial de largo plazo, gracias a la reutilización de activos, la operación sostenida y la mezcla de funciones. La zona del parque olímpico se consolidó con elementos que van más allá del deporte, con innovación, educación, vivienda, espacio público y un distrito cultural con instituciones ancla.

Así que la pregunta no es si deporte y cultura son importantes, eso ya lo sabemos, la pregunta es si estamos invirtiendo para que esa importancia se convierta en capacidades, empleos, empresas, turismo, orgullo y pertinencia. Si la respuesta es sí, el gasto social deja de ser una erogación defensiva y se vuelve una apuesta de desarrollo. Y ahí el territorio gana dos veces, gana en cohesión y gana en economía.

Boris F. Zapata Romero

Consultor en Competitividad, Innovación y Desarrollo Económico