Rafael María, el voceador sin voz de «La Ye»

Rafael María Cogollo Montes, quien es sordomudo y vende periódicos impresos en la actual era digital.


Por Róbinson Nájera Galvis

El nombre de La Ye, corregimiento de Sahagún con unos 3.400 habitantes, comenzó a sonar fuerte desde 1.978 cuando Luis Felipe Herrán lanzó la canción “El guayabo de La Ye”, un éxito nacional grabado por más de 30 agrupaciones y que después de tantas décadas sigue sonsacando gargantas y estremeciendo cuerpos como el primer día.

Victoria, la abuela del popular “Cabo” Herrán, oriundo de Cereté, tenía una fábrica de “jabón de monte” en este sector rural. Él con frecuencia la visitaba y se echaba la pasadita hasta Sahagún donde tenía una novia, pero el día que la muchacha lo «zafó” empezó una parranda que terminó una semana después con la creación de la famosa composición.

Vendedores de La Ye

Un miércoles cualquiera, el docente y poeta sahagunense Hermes Padilla me convidó a pasar un rato en La Ye, donde se da el encuentro entre los buses que vienen de Sincelejo, de Montería y de Medellín. Entonces nos pusimos a charlar con los vendedores ambulantes que merodean la plazoleta de estacionamiento de los vehículos, y así como en la famosa canción donde dice que las muchachas lloraban cuando Herrán se iba para Cereté, a nosotros dos nos dieron ganas de llorar al conocer las condiciones en que viven estos trabajadores informales.

Uno de ellos, que desafía la lluvia, el sol y hasta el Covid, es Rafael María Cogollo Montes, quien es sordomudo y vende periódicos impresos en la actual era digital. Esto, más los estragos que ha dejado la pandemia, a duras penas le permite vender unos 70 cada día, lo que le representa $7.000; de esos debe alimentarse y vestirse, sin derecho a enfermarse porque no tiene Sisbén, ni seguridad social. El tipo más popular de La Ye jamás ha visto una prima de Navidad, una cesantía, una mudita de ropa o al menos una gorra.

Nerys Edith Montes

Rafael María tiene 54 años, nació en Montería y llegó aquí con su madre Nerys Edith Montes, quién aprovechando el auge de La Ye, montó una carpa para vender carne asada. Su hijo tenía entonces 10 años y para aumentar los ingresos familiares y por la habilidad del niño para llegarle fácil a la gente, este comenzó a vender periódicos. El oficio no le ha reportado casi dinero a lo largo de su vida, pero sí el cariño de muchas personas, incluyendo los viajeros, que aprecian su don de servicio y su buen corazón.

Según Uriel Ruiz, otro vendedor del sector, desde la 2 de la madrugada Rafael María ya anda tirando canilla por ahí, ayudando con el aseo en negocios vecinos o cualquier otra cosa mientras llegan los periódicos a las 5 a.m. Su estado de salud es envidiable, pero su hermana mayor, Yenis Cogollo, y su madre no le quitan la mirada de encima porque desde ahora temen irse ellas primero y dejarlo solo, pues, aunque la gente lo quiere mucho, saben que de cariño no vive nadie y del ingreso que él devenga, mucho menos.

Yenis Cogollo

La llovizna salpica en cualquier momento el terreno, pero los vendedores ambulantes en su afán por rebuscar el sustento de sus familias, ni se inmutan con el clima. Nos cuentan que cada día le ruegan a Dios para que a sus cuerpos no se les ocurra enfermarse porque no hay un contrato laboral ni un carné que les brinde un poco de seguridad. Nosotros, continuamos la marcha con un nuevo pinchazo en el corazón y una inquietud en la cabeza ¿Qué tanto puede hacer un docente para que todos en Colombia desempeñen su labor en condiciones favorables?



Join the Conversation

Join the Conversation