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Joseph Avski: autor en la distancia

Por: Luz Hernández Foto: Luis Otero Maryville, Missouri. Es viernes. José Manuel Palacios va camino a la universidad. Va a la universidad a enseñar y a aprender, y va caminando porque no le gusta manejar mucho. José Manuel tiene un doctorado en creación literaria y...


Por: Luz Hernández

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Foto: Luis Otero

Maryville, Missouri. Es viernes. José Manuel Palacios va camino a la universidad. Va a la universidad a enseñar y a aprender, y va caminando porque no le gusta manejar mucho. José Manuel tiene un doctorado en creación literaria y ha logrado llegar a ser profesor de literatura después de ganar un concurso en Estados Unidos al que aspiraron más de 200 profesionales.

Antes de entrar a la clase, José Manuel percibe el viento frío que anuncia el invierno. El invierno que le pronostica las bajas temperaturas y le notifica la muerte de las plantas que tiene sembradas en su casa y a las que les ha dedicado tiempo, porque le gustan tanto como la cerveza y las buenas conversaciones; de allí sus citas –casi sagradas- a un bar todos los fines de semana.

El evento anterior —de acuerdo a lo que me contó— puede ocurrir cualquier día en la vida José Manuel o Joseph Avski, que es el nombre con el que ha firmado sus obras, entre esas: El corazón del escorpión, premio de novela de la Cámara del Comercio de Medellín, publicada en 2009, convirtiéndose en uno de los nombres más representativos dentro del cauce literario del Sinú.

De sus inicios

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Foto: Alex Garza

«Una de las razones por las que me volví escritor fue por mi visión del arte…», esto me dice Joseph, a través de una videollamada que pudimos conectar después de haber sorteado los contratiempos que despliega la tecnología.

La familia, y sobre todo las buenas amistades que rodearon a Joseph durante los años 90 en Montería, fueron y siguen siendo los protagonistas dentro de su proceso formativo como escritor y cómo no, dentro sus obras.

De estos personajes, y de Montería hay al granel en su literatura. En El infinito se acaba pronto, su más reciente publicación, está evidenciado, «El infinito es una novela que está ambientada en mi Montería», me dice acerca de la obra, y ese ‘Mi Montería’ es porque la de ahora —indudablemente— no es la misma que dejó unos años atrás.

Después de vivir más de 15 años en el exterior, no recuerda a Montería con nostalgia, «Realmente no desearía regresar a esa época, allá ya viví lo que debía vivir», añade, con un tono de voz estable y sobrio, el mismo con el que me ha hablado durante toda la entrevista.

De su proceso creativo

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Foto: Jorge Guzmán

La escritura es «Un proceso de ensayo y error, todos son diferentes y este proceso se va nutriendo de todo: de la clases, de las conversaciones en el bar, de los partidos de futbol…», apunta con naturalidad, seguro con la misma naturalidad que se sienta a escribir, y con la misma naturalidad con la que puede botar un borrador de más de 150 página. Porque según él, de esto se trata.

Para Joseph la fundamentación de una idea en una obra está basada en la voluntad de crear la obra y de estudiar lo necesario para fundar a sus personajes y escenarios. Ahora, él sabe que al final lo que se desea «se va modificando dentro de ese ensayo y error», y me lo aclara. Los horarios de escritura varían todos, porque, «cada libro es un libro nuevo», complementa, pero si hay una característica que defina este proceso es la constancia y la disciplina.

De su presente

Joseph, un escritor con varios títulos profesionales, dedicado a la literatura, ganador de premios nacionales, aprendiz de la vida y profesor, es un referente dentro de la literatura regional y nacional, quien en un tiempo relativamente corto ha logrado adquirir un acopio cultural y literario que lo ha puesto a la altura de los más prestigiosos autores, prueba física de esto es la calidad del contenido de sus publicaciones.

De su ahora

«Antes sentía vergüenza por ganarme la vida así pero ya no me importa. A los que te preguntaron por los proyectos de los que alguna vez les hablé diles que pertenecen a otro hombre del que tengo muy pocos recuerdos. No sufro. Los dolores son cada vez menores o me importan menos. En las tardes de lluvia veo caer las gotas con la misma indiferencia con la que veo a una señora gorda pasear con su perro», un fragmento de una obra que actualmente está escribiendo.



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