El Indio Simón, del machete a su clarinete de oro

La historia de“El Indio Simón”, uno de los mejores clarinetistas del Caribe Colombiano.


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Por: Róbinson Nájera Galvis

“Cuando me hablan de música me erizo más que Amparo Grisales”, fue lo primero que dijo al descubrir la intención de nuestra visita. Enseguida una carcajada llenó de magia la casa de palma y bahareque donde habita, y esa permanente sonrisa adornada con la blancura de sus dientes y su voz de campesino orgulloso de su tierra, nos produjo la misma sensación que escuchar un porro de la Banda 19 de Marzo de Laguneta, agrupación que no solo le cambió el nombre de Simón Manuel Paternina por el de “El Indio Simón” sino que también lo formó como uno de los mejores clarinetistas del Caribe Colombiano.

“El Indio Simón” es todo un personaje, pero esa pinta de campesino no se la quita nadie, ni siquiera el hecho de haber regado con su clarinete, música por toda Colombia y salpicado de porros y fandangos el cielo de Francia, Australia, Italia, Grecia, Bélgica y España, entre otros. Allí sentado en su mecedora, más parece el labrador que se ganaba el día de trabajo “tirando” machete en las fincas de Bajo Grande y Laguneta. Uno viene a descubrir que lo que tiene al frente es un artista de verdad cuando suelta una hermosa composición dedicada a su esposa, Simona Roa Beltrán, quien lo acompaña desde 1968

“El Indio Simón”, cree que nació para la música, pues sentía que hasta el repicar del machete con el monte generaba alguna melodía, de allí que no perdía oportunidad para sacar notas de cualquier objeto que raspaba con un trinche y esencialmente de las violinas que los amigos dejaban por ahí. En esas andaba siendo ya un mozalbete cuando en 1965 en una redada nocturna fue a parar al Batallón Juanambú en Florencia y de allí al Batallón de infantería No 18 Jaime Rooke en Ibagué, donde la suerte y su capacidad artística innata le hizo cambiar el fusil por los instrumentos musicales.

Resulta que un día que andaban en campaña acamparon en un puesto en Alvarado- Tolima, el teniente para disfrazar un poco la angustia preguntó quién sabía tocar instrumentos musicales, varios levantaron la mano, pero notando que Simón no lo hizo, los otros que ya lo conocían lo divulgaron. Total, que cuando trajeron los instrumentos, “Mahoma” como le decían allá, se apoderó de la violina y armaron un conjunto tan bueno que en vez de correrías andaban era amenizando las fiestas de los mayores y generales. Al terminar el servicio militar, en la despedida hasta el teniente lloró la desintegración del grupo

De regreso a Laguneta, empezando la década del 70, Simón volvió a su trabajo rural. Una tarde en la finca de Urbano Restán pilaba un puño de arroz con su esposa Simona. Miguel Emiro Naranjo, el docente de la Escuela, que andaba reclutando músicos para cumplir su sueño de formar una Banda de renombre nacional, le llamó la atención que la pareja llevaba en el golpe del pilón el compás del mapalé titulado “San Felipe”. Simón fue convocado al ensayo del grupo, primero probó con el bombardino, pero al final se quedó con el clarinete, aunque tuvieron que sacarlo del empeño mediante una colecta.

“El Indio Simón” nunca fue a la escuela, pero sabe leer música gracias al Maestro Miguel Emiro Naranjo. En agradecimiento a él y en cumplimiento de su palabra de no abandonarlo después de la enseñanza, se mantiene firme por más de cinco décadas en la Internacional Banda 19 de Marzo de Laguneta, dándole duro como el primer día, o mejor que antes, porque dicen que “perro viejo ladra agachao”. Y tú Simón a tus 80 años eres un “Viejo chévere” que exprimes la belleza de tu corazón y la expulsas al exterior a través de tu clarinete de oro para que hasta el mismo viento se contagie de bondad y alegría.

Eres un excelente artista Simón. Haz hecho mucho por la Patria, pero ¿Cuánto vales para la Patria? Ella nunca te lo ha dicho o quizá ni te lo reconozca jamás. No importa, aquí estamos tus admiradores qué, aunque tengamos que esperar que se vaya el invierno para poder transitar por una vía que parece del Siglo XIX, allí estaremos visitándote en tu nido de amor con Simona, para que sigas feliz, derrumbando penas y tristezas, y tus notas, tomen la fuerza del Río Sinú y por fin algún día logren estampar tu figura de indígena ilustre en el elitista mapa cultural de Colombia.



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