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Familias en Puerto Libertador impulsan cultivos de piñas, como fuente generadora de ingresos

Las acciones hacen parte del Componente de Desarrollo Económico, el cual toma como base las “Escuelas de Campo de Agricultores”.


Desde finales del año 2013, el Programa ANDA, implementado por Global Communities y financiado por BHP Billiton Sustainable Communities (BSC) priorizó la comunidad de Río Verde, también conocido como Santa Fe de las Claras en el municipio de Puerto Libertador, en el marco de su intervención, y en el proceso de conformación del Comité de Gestión Comunitario y de la elaboración del Plan de Desarrollo Comunitario, identificando las principales dificultades que estaban afectando a las familias; “Si vivir en medio del conflicto es difícil, mucho peor es hacerle frente con hambre”.

“Cuando yo inicié la intervención en Santa Fe de las Claras tuve que enterder cuáles eran sus dinámicas para poder avanzar con el proceso, al prinicpio cuando los citaba no me llegaba nadie a las reuniones, incluso, después de esperar hora u hora y media era que poco a poco comenzaban a aparecer algunos integrantes del Comité de Gestión. En dialógo con ellos me explicaron que su primera necesidad era el hambre, que después de solucionar ese problema ellos podían participar de todo lo que el Programa tenía planeado” relata Juan David Velásquez, primer enlace de la comunidad.

En respuesta el Programa priorizó la intervención del Componente de Desarrollo Económico, fundamentado bajo la metodología ECA “Escuelas de Campo de Agricultores” en el que se le propuso a la comunidad enseñarles a sembrar otro tipo de cultivos como: yuca, plátano, maíz, arroz; para que de entrada pudieran resolver la dificultad inicial, y posteriormente, contemplaran la idea de ampliar el espectro hacia posibilidades de desarrollo económico y generación de ingresos, a través de los nuevos productos para los que se estaban capacitando. La comunidad aceptó el llamado.

Entre el análisis del panorama, las expectativas, y las posibilidades frente a otra de las grandes problemáticas que tienen los campesinos en el Sur de Córdoba debido a la dificultad de acceso a la tierra; se logró conformar una asociación de 24 productores de la comunidad a la que llamaron Asopropiñas, que como su nombre lo indica, se dedicaría a la siembra y comercialización de Piña Oro Miel de Alta Calidad.

En paralelo al proceso de formación desde el área socioempresarial del componente se analizaban las diferentes alternativas para que la asociación despegara, por lo que una de las alternativas fue buscar una asociación previamente constituida y dedicada a la misma línea productiva: Asproafas del Municipio de Puerto Libertador creyó en el proyecto y se convirtió en el aliado para poder presentarse de manera conjunta a las convocatorias del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural diseñadas para pequeños y medianos productores.

Asopropiñas y Asproafas resultaron benefiadas por el Ministerio de Agricultura; y el Programa ANDA, además de la capacitación y el acompañamiento durante el proceso, realizó un aporte de alrededor de 90 millones de pesos en insumos, semillas, herramientas de trabajo, y asesoría organizacional para que tanto lo técnico como  lo financiero, y así, asegurar la cadena de trabajo hasta la comercialización.

La piña es una fruta de carácter renovable. Es decir, de una planta cosechada se pueden extraer 10 semillas para nuevas piñas, por lo que uno de los objetivos de la asociación tiene que ver con el aumento de la producción, además porque al demostrar mayor capacidad, Asopropiñas podrá presentarse de forma autónoma a las convocatorias venideras del Ministerio.

En Santa Fe de las Claras viven más de dos mil personas, entre oriundos y desplazados que han sido acogidos durante los últimos 50 años. La historia del centro poblado y sus zonas rurales, entre lo que cuentan los libros y lo que dicta la  tradición oral, es que  por su ubicación geográfica, las bondades de la tierra, y la falta de oportunidades para desarrollar otro tipo de iniciativas productivas;  ha sido un lugar en el que los cultivos ilícitos han marcado las dinámicas económicas y sociales. Los campesinos que llegaron se acostumbraron a sembrar lo que podían comercializar, y los que nacieron allí, siguieron sembrando lo mismo, pues era lo que les permitía suplir sus necesidades básicas.

Desde hace unos años el Gobierno Nacional inició un plan de erradicación de cultivos ilícitos, lo que generó un trauma en las familias pues no tenían los conocimientos para explorar otras alternativas que permitieran siquiera suplir el autoconsumo.

Gracias a la intervención y el acompañamiento de ANDA, actualemnte la asociación tiene seis hectáreas sembradas, por lo que a cada integrante le corresponde la producción de un cuarto de hectárea. La meta que se han planteado es que en un año, cada asociado tenga una hectarea completa, lo que favorecería muchísimo a esas familias que hace algunos años, no tenían alternativas reales.

“Estamos viendo resultados. Eso es fundamental para nosotros. Ahora queremos cumplir nuestros primeros dos años de constitución legal para poder acceder a estímulos más grandes, permitan que nuevos productores se puedan sumar al proceso. Para nosotros esto es una realidad gracias a la mentalidad que nos ayudó a construir el Programa ANDA, en el que todo lo que nos proponemos es posible con trabajo y transparecia” enfatizó Luis García, integrante de la asociación.



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