El departamento de Córdoba vive hoy uno de los panoramas políticos más particulares de cara a las elecciones al Senado de 2026: tenemos un número inusualmente alto de aspirantes, pero un número muy limitado de curules que realmente pueden quedar en manos cordobesas.
Medios regionales hablan de 15 a 16 aspirantes al Senado por Córdoba. Entre los nombres que suenan están:
- John Besaile
- Saray Robayo Bechara
- Ana Paola García
- Julio Elías Vidal / Julio Elías Chagüi
- Antonio Correa Jiménez
- Edgardo Espitia Cabrales
- Marcos Daniel Pineda García
- David Barguil
- Wadith Manzur
- Fabio Amín Saleme
- Jorge “Davo” Pastrana
- Natalia Fuentes (o Natalia López)
- Milena Flórez
- Yessica Cabeza
- Ruby Chagüi
- Valentín de la Barrera
Es una lista larga, diversa, con figuras nuevas y tradicionales… pero precisamente por eso es preocupante y más porque se rumora que puede llegar a 22 aspirantes más los de afuera que pescan votos acá.
El problema no es quién aspira, sino que cuántos aspiran. La política cordobesa está entrando en un escenario donde la multiplicación de candidaturas no fortalece al departamento, sino que lo fractura. Cada aspiración jala votos de la otra, divide estructuras, atomiza los municipios y convierte a Córdoba en un territorio donde nadie logra consolidar una votación masiva que garantice curules propias.
Mientras tanto, en otros departamentos la historia es distinta:
- Unen esfuerzos.
- Concentrar votación es prioridad.
- No lanzan 10 candidatos para alcanzar 2 curules.
- Y avanzan con listas coherentes, disciplinadas y bien organizadas.
Esas regiones entienden algo que aquí pareciera olvidarse:
En el Senado se gana sumando, no dispersando.
La matemática es sencilla… y peligrosa
Córdoba tiene un potencial electoral enorme, capaz de poner varios senadores si hubiera acuerdos básicos. Pero con 15 o 16 candidatos o más compitiendo entre sí, lo que se está haciendo en la práctica es:
- Dividir el caudal de votos,
- Debilitar a todos,
- Y abrirle la puerta a aspirantes de otras regiones, que se benefician directamente de nuestra falta de unidad.
Mientras aquí nos desgastamos en peleas internas, municipios divididos y grupos enfrentados, candidatos del Atlántico, Sucre, Bolívar, Antioquia y Bogotá celebran en silencio.
Porque saben que la fragmentación cordobesa les regala la ventaja.
Y la historia es clara: cuando Córdoba compite dividida, Córdoba pierde.
Este es el verdadero riesgo
Lo que está ocurriendo no es solo una disputa local. Es la antesala de un fenómeno repetido:
- Terminan elegidos senadores de otros departamentos,
- Córdoba queda con menos representación,
- Y las grandes decisiones nacionales se toman sin la voz que necesitamos en Bogotá.
Si no hay acuerdos mínimos, si no se compactan fuerzas, si seguimos en una lógica de “cada quien por su lado”, el departamento volverá a quedar rezagado y veremos cómo otros se llevan las curules que en números podrían ser nuestras.
El mensaje final
Es momento de que Córdoba entienda algo esencial:
No se trata de tener muchos aspirantes, sino de tener candidatos viables.
No se trata de competir entre nosotros, sino de competir con el país.
No se trata de multiplicar nombres, sino de multiplicar fuerza.
Hoy, mientras algunos celebran la abundancia de aspirantes, otros —más estratégicos, más organizados, más unidos— se están preparando para quedarse con las curules.
Y si no hacemos algo, volverán a lograrlo y pasaremos de 7 senadores a cinco o menos. Como quien dice, divides y reinarás.






