El presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, anunció la salida del país de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), bloque fundado por Hugo Chávez y Fidel Castro, poniendo fin a casi dos décadas de pertenencia a la alianza desde que Bolivia se unió en 2006 bajo el gobierno de Evo Morales.
Durante una conferencia, Paz afirmó que su futura administración, que asumirá el 8 de noviembre, privilegiará vínculos con “naciones donde la democracia sea un principio y no una consigna vacía”, en alusión directa a Venezuela, Cuba y Nicaragua, cuyos mandatarios no serán invitados a su toma de posesión.
El ALBA respondió suspendiendo a Bolivia por lo que calificó como “conducta antibolivariana, antilatinoamericana, proimperialista y colonialista”, atribuyendo la decisión a un “nuevo liderazgo ultraderechista”. No obstante, aseguró que la medida “no afectará los lazos de solidaridad con el pueblo boliviano”.
Paz Pereira, quien nació en Santiago de Compostela durante el exilio familiar y representa al Partido de la Democracia Cristiana, adelantó su intención de restablecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde 2008 tras la expulsión del embajador norteamericano. “Bolivia no puede seguir aislada del mundo democrático”, señaló.
Una videoconferencia entre Paz y la líder democrática venezolana María Corina Machado generó especial malestar en el Palacio de Miraflores. El presidente electo agradeció “principalmente el gesto de EEUU y de instituciones multilaterales para asegurar que nuestro combustible llegue al país”.
Encabezados por Estados Unidos, varios países de la región garantizaron colaboración para paliar la escasez de combustible y dólares que ha sumido a Bolivia en recesión e inflación.
Evo Morales, quien enfrenta orden de captura desde el año pasado y mantiene conflicto con el actual presidente Luis Arce, respondió reclamando un referéndum “para consultar al pueblo si está de acuerdo con entregar a Bolivia a EEUU y a sus países aliados con el pretexto de ayuda”.
La ruptura con el ALBA confirma un cambio profundo en la política exterior boliviana, que ahora buscará posicionarse junto a gobiernos con sistemas democráticos consolidados y economías abiertas.




