Por Róbinson Nájera Galvis
Alfredo Gutiérrez es un loquillo agradable, que con el acordeón ha hecho hasta para vender. En 1991 y 92 ganó en Alemania el Campeonato Mundial del Acordeón, compitiendo con músicos de conservatorios. Allí un periodista le preguntó: ¿Y usted de que conservatorio viene? Entonces él recurriendo a lo mejor de la sabrosura caribe respondió: “Ju, de vaina aprendí a leer con el profe Arquímedes”.
Alfredo nació en 1943 en el corregimiento de Paloquemao- Los Palmitos (Sucre) y ni siquiera terminó el año escolar con el profe Arquímedes, porque a los 9 años ya estaba dándole al acordeón en el Grupo “Los Pequeños Vallenatos” de Adonay Amaya, Arnulfo Briceño, y por supuesto, su padre Alfredo Gutiérrez Acosta quien, producto de un cáncer falleció en 1958, pero dejó vivita una vibrante semilla.
Alfredo es un verdadero triunfador, que en medio de tropiezos ha ido avanzando hacia la gloria. Se cuenta que, en el Carnaval de 1971 en Barranquilla en la orquesta venezolana que lo antecedió en su presentación, estaba un timbalero que se robó el show. Gutiérrez quedó con la espinita y para sacársela, de un momento a otro se quitó los zapatos y comenzó a tocar el acordeón con los dedos de los pies.
Muchos, cada año esperamos que por fin la Fundación anuncie el homenaje a Alfredo en el próximo Festival Vallenato, pero en 2024 tampoco será. Enseguida viene la pregunta ¿Qué pasa? Si es el Único Tri Rey Vallenato, además, 2 veces Campeón Mundial en Alemania, 3 Congos de Oro en Barranquilla, 5 Guaicaipuro de Oro en Venezuela, 2 Trébol de Oro en México ¿Acaso no hay méritos suficientes?
Según algunos biógrafos, parece que esta historia empezó desde la década del 60, cuando “los músicos en Valledupar se medían en los patios de los notables, y allí llegaban multitudes a verlos tocar y a tomarse un trago, entonces apareció un bicho raro tocando un merengue ACUMBIAO”, que para remate terminó exigiendo que él no aceptaba que le pagaran con ron, y se lo dijo a la misma “Doña”.
El doble atrevimiento de exigir derechos e ir a “pringar” el vallenato con otros aires, comenzó a cobrársele desde su 1a participación. Él mismo cuenta que, cuando competía en las eliminatorias, en los quioscos, llegó la “Doña” y le dijo al jurado que no tuviera en cuenta los aplausos, sino la nota vallenata. Él renunció ante los gritos del público pidiendo que siguiera, ganando sólo el título de “El Rebelde del Acordeón”.
Considero que el arte no debe tomarse para dividir ni odiar. Para superar esta vieja controversia, Alfredo antes de regresar tuvo que aprender a tocar la nota vallenata exigida, además la enriqueció con el uso del bajo electrónico y la batería y ayudando a internacionalizarlo. Es hora que los organizadores bajen la cabeza hacia este GENIO DEL ACORDEÓN, que lleva más de 60 años poniendo a bailar a la gente.






