El relato de “Mauricio”
El niño Mauricio me comentó que el recreo pasó de ser el mejor momento de su colegio a convertirse en su peor pesadilla. En el recreo era el momento preciso, donde otro niño, con amargura en su sangre y heridas en su corazón, salía a descargar su violencia sobre la vida de Mauricio.
La campana de salida, que hace explotar de euforia a cientos de niños por correr y jugar, nublaba el pánico que esas mismas vibraciones provocaban en las entrañas de un pequeño de tan solo 6 años. El patio, aunque rebosante de diversión desde afuera, para él era puro terror. Cada segundo allí era una eternidad; el mundo se detenía cuando los pasos del agresor se acercaban, el pecho se aceleraba cuando esos ojos lo miraban y las piernas desfallecían cuando las manos del violentador lo apretaban, lo alzaban y lo chocaban contra la pared. El cuerpo quedaba paralizado ante la amenaza.
Mauricio fue claro: no quería volver más al colegio. No soportaba el pánico de solo pensar en estar ahí. Tras muchas excusas, una mañana se quedó paralizado en un rotundo “no”. Al ver que su madre lo obligaría ir al colegio, explotó en un llanto de desesperación. Ante la insistencia de una madre que preguntaba “¿qué pasó?”, no tuvo más salida que contar la agonía que vivía en su corazón.
Ese niño, Mauricio, soy yo. Esa es mi historia de acoso escolar cuando la palabra bullying no existía, pero la violencia sí. Hoy la recuerdo ante las noticias que sacuden a Montería sobre casos de acoso escolar en la capital cordobesa.
¿Qué está pasando en los colegios de Montería?
¿Cómo entender el acoso escolar? Una forma sería la causal y simplista, donde toda la carga se deposita sobre el acosador o la víctima. Sin embargo, prefiero la mirada compleja y contextual. La psicología con enfoque contextual explica la conducta humana más allá de las responsabilidades individuales; nos abre un abanico de corresponsabilidades. La conducta nace de un contexto estructurado por factores que permiten, en este caso, que el bullying se genere y se mantenga.
Surgen entonces dos preguntas clave: ¿Qué factores favorecen el acoso? y ¿Cómo los colegios, como parte de ese contexto, inciden en su consolidación?
El Contexto que favorece la violencia:
1. Los compañeros que se ríen: La audiencia que alimenta la agresión.
2. Los compañeros que callan: La neutralidad que también participa.
3. El estudiante que agrede: Cuando la violencia es la única forma de ganar lugar.
4. La víctima aislada: Una comunidad que deja a alguien sin red.
5. Los padres que minimizan: El hogar que normaliza la agresión.
6. Los padres que educan con humillación: La violencia que se aprende antes de llegar a clase.
7. Los docentes que no ven: Estar presente no es lo mismo que estar atento.
8. Los docentes que etiquetan: Cuando la palabra del adulto legitima el daño.
9. Orientadores reducidos a “apagar incendios”: Sin espacio para la prevención.
10. Directivos que reaccionan tarde: Instituciones que solo actúan en crisis.
11. Rectores que dejan la cultura al azar: Sin un liderazgo que construya respeto.
12. La escuela como sistema: Cuando se dice “respeto”, pero se tolera la humillación.
13. Redes sociales y espectadores digitales: La humillación que no termina al sonar el timbre.
14. La sociedad adulta: Que enseña dureza y desprecio como si fueran fortaleza.
15. Nosotros como comunidad: Cuando creemos que “no me toca”.
16. Familias que justifican: Validar la conducta de agresión.
17. Familias que no detectan: Incapacidad de contener el sufrimiento a tiempo.
18. Instituciones aisladas: Que existen, pero no trabajan en red.
19. Rutas de papel: Protocolos que no se sienten como protección real.
20. Prevención esporádica: Campañas de un día que no transforman la cultura.
21. Cuando la norma pierde de vista a quien está sufriendo
Un cambio cultural para Montería
Si queremos erradicar el acoso escolar, debemos dejar de preguntarnos únicamente “¿quién fue el agresor?” y empezar a cuestionarnos:
• ¿Quién lo celebró?
• ¿Quién lo permitió o no lo vio?
• ¿Quién lo minimizó?
• ¿Qué cultura lo hizo parecer normal?
• ¿Qué adulto llegó demasiado tarde?
• ¿Qué estudiante quedó demasiado solo?
El bullying rara vez es obra de una sola persona; es el resultado de una comunidad que dejó puertas abiertas hasta que la violencia encontró casa. Mientras no entendamos eso, seguiremos corrigiendo conductas aisladas sin transformar el contexto que las vuelve posibles.
Lo que hoy ocurre en Montería es la gran oportunidad de sentar precedentes. La Alcaldía, las instituciones gubernamentales y los padres de familia deben velar por cambios contextuales reales. De lo contrario, la cultura del acoso escolar saldrá más fortalecida que nunca en los colegios de nuestra capital cordobesa.






