
Propuso la Creación de la Emisora Unisucre FM Estéreo a la Universidad de Sucre de la cual fue director durante 10 años.
Opinión/ Por: Manuel Medrano
“Somos lo que somos con la música y por la música” Facundo Manes, Neurólogo
La música hace parte de nuestro contexto social y por ende, permanece intrínsecamente atada al ser humano desde el mismo momento en que el Divino Creador visibilizó el Universo; desde entonces la música suscita un cúmulo de experiencias estéticas, que conllevan a la exteriorización de sentimientos que están sensiblemente involucrados con múltiples aspectos de nuestra vidas, como la economía, la política, el desarrollo tecnológico, la publicidad, el cine y la televisión. Así como es esencial en la actividad de los compositores y en la manifestación del arte en las diferentes sociedades.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que la música hace parte de la canasta familiar, llámese clásica o barroca, o popular. La música en definitiva es una de las expresiones más extraordinarias del ser humano, pues logra dejar en evidencia experiencias que otras formas de arte no pueden transmitir.
En el siglo XVII los mecenas de los grandes músicos fueron los reyes y siempre los poderosos se han valido de la música para prevalecer y lograr someter a los pueblos, empero también ha sido utilizada para recrear, atraer, enamorar y conquistar, y es allí donde la música asume un rol apasionante en la era del romanticismo y la serenata emerge como mecanismo para conquistar a la mujer amada y se convierten en leyenda los grandes compositores del bolero y sus intérpretes.
En Cuba, la llamada cuna del bolero, en donde nació el primero de ellos, y surgieron Gonzalo Roy, José Antonio Méndez, Miguel Matamoros y su Trío Matamoros y el caso especial de Isolina Carrillo, quien conquistó la fama con un solo bolero: Dos Gardenias, el cual fue interpretado magistralmente por Daniel Santos; en Méjico figuras como Agustín Lara y José Alfredo Jiménez conquistaron a Latinoamérica a través del Cine Mejicano y estimularon el advenimiento de voces fantásticas como la del chileno Lucho Gatica con más de 80 años y en la actualidad vive en Estados Unidos, Miltiño del Brasil y Leo Marini de Argentina; Colombia no se quedó atrás y contó con voces como la de Alberto Granados, Víctor Hugo Ayala, Lucho Ramírez, Nelson Pinedo, Carlos Arturo y Juan Carlos Coronel.
¿Quién puede vivir sin escuchar a cualquier hora del día nuestra música popular del Caribe? Ella nos ha prodigado excelentes compositores, vocalistas, orquestas y conjuntos de renombre internacional, entre los que podemos enumerar a Rafael Campo Miranda, José Barros, Lucho Bermúdez, Justo Almario el Joe Arroyo, Juan Carlos Coronel, Alfredo Gutiérrez y Lisandro Meza.
En realidad podríamos adentrarnos en los vericuetos de la salsa y entonces el disfrute llegaría a provocar una sensación orgásmica y en este escenario las figuras de Celia Cruz, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Oscar de León y Polo Montañés surgen como una delegación representativa de un sentimiento Caribe que se volvió universal.
Nuestros porros y fandangos, merecen capítulo aparte y las bandas de Córdoba, Sucre, Bolívar y Atlántico se han convertido en su salvaguarda. En cuanto a la música sabanera llegó a lo más alto con los Corraleros de Majagual, Alfredo Gutiérrez y Lisandro Meza quienes siguen haciendo giras internacionales.
Los investigadores musicales nos sumergimos en el mundo diáfano de este arte maravilloso y exploramos permanentemente, en busca de estimular a la gente para que expongan sus cinco sentidos a la música y se salgan de la rutina que marcan las estaciones de radio. Resulta increíble percatarse que hay personas que nunca han escuchado a Chucho Valdés y a su padre Bebo Valdés, ni a Silvio Rodríguez o a Pablo Milanés.
Escuchar música clásica estimula la inteligencia, combate el cansancio y el estrés, también mejora la capacidad de aprender. La música ha estado presente en la historia de la humanidad a través de los ritos sagrados y religiosos. Platón hizo énfasis en la importancia de la música y la educación de los jóvenes y Héctor Chomet escribió en 1846 un tratado titulado “La Música en la Salud y la Vida”.
Es tan compleja la música que un verdadero profesional de este arte tiene que estudiar diez años en su formación, iniciando a edad temprana de 12 a 13 años, mientras que un ingeniero, un médico o un abogado se convierten en profesionales con sólo 5 años de estudio.
En tiempos pretéritos en la sala de espera de los consultorios médicos se escuchaba música estilizada para relajar a los pacientes, en la actualidad ésta ha sido reemplazada por los televisores.
Es bueno sacar tiempo para escuchar a Shopin, Vilvaldí, Handel, Mozart y Beethoven. La música contribuye a mejorar nuestra calidad de vida y a convertirnos en mejores seres en humanos.





