El presunto accidente en el que había fallecido una mujer y su hijo tuvo un giro inesperado. La Fiscalía colombiana reveló que la muerte de la madre y su hijo no fue producto de un siniestro vial, sino que fueron asesinados por su pareja y padre, y que este simplemente simuló que había sido un accidente de tránsito donde solo él había logrado salir ileso. Me ahorro los detalles que revela la fiscalía de cómo los habría asesinado antes de estrellar el carro contra un árbol, para que más bien nos concentremos en preguntarnos: ¿Qué nos pasa a los hombres?
Porque últimamente estamos viendo continuamente reportes de hombres que atentan contra la vida de sus esposas e hijos, y hasta de ellos mismos, como ocurrió en Brasil y en Colosó, Sucre. Seré tajante en mi siguiente apreciación: la debilidad de los hombres no son sus músculos sino sus emociones, es su mente.
Los que me conocen saben que llevo años trabajando con familias y parejas. En los últimos tiempos, me he concentrado en los hombres, y una de las cosas de las que me he percatado es que a nosotros nos cuesta más gestionar los malestares emocionales en comparación con las mujeres. No es igual cómo una mujer afronta la muerte de un hijo a como la vive un padre. No es igual cómo un hombre lidia con la infidelidad de su pareja en comparación con cómo la gestiona la mujer.
Los ejemplos son diversos, pero contundentes: nos muestran que a los hombres nos enseñaron muchas cosas, como a “facturar”, pero no nos educaron en cómo llorar, cómo perder o cómo lidiar con la frustración y la rabia. Mucho menos nos enseñaron a saber transitar el dolor de una infidelidad o la crudeza de la muerte.
Lastimosamente, toda esa fuerza biológica con la que cuenta la masculinidad se encuentra con una pobreza de gobierno mental y emocional. El carácter de este “macho” termina totalmente dominado y secuestrado por una furia intensa; una carga emocional que lo ciega hasta el punto de arrebatarle la vida a su propia mujer e hijos, e incluso a sí mismo.
No hay nada más peligroso en una persona —y particularmente en los hombres— que contar con un arma que no sabe dominar. Y en este caso no me refiero a un arma de fuego; hablo de su propio cuerpo. Un cuerpo con tantas cargas hormonales, pero sin una mente sana que gobierne esa biología, terminará convirtiéndose en un arma de asesinato (verbal, psicológica y física) para quienes lo rodean y, si el impulso es suficiente, para él mismo.
Escribo esta columna con el objetivo de comprender, no de justificar. Nosotros, como hombres, debemos responsabilizarnos y asumir la tarea de trabajar en nuestra mente el gobierno de nuestras emociones. No podemos seguir escudándonos en la frase: “es que así somos los hombres”, y terminar externalizando nuestras carencias emocionales en nuestra pareja o nuestros hijos.
A contados días de celebrarse el Día del Hombre en Colombia, les hago un llamado: comencemos, por favor, a entrenar nuestra mente. Necesitamos adquirir las habilidades necesarias para gobernar esos impulsos y malestares emocionales con los que hoy no sabemos lidiar. Si no sabes a dónde ir o cómo empezar, te invito a una sesión de entrenamiento en salud mental diseñada exclusivamente para hombres. Solo tienes que escribirme al interno de mi página de Instagram @es_psicotero y te compartiré cómo puedes ser parte de este proceso.
Feliz día del hombre a todos mis lectores.





