El Pentágono ejecutó una operación militar en el estrecho de Ormuz que dejó 16 embarcaciones iraníes fuera de combate, luego de que la administración Trump determinara que esas naves tenían como propósito sembrar minas en una de las rutas de navegación más sensibles del mundo para el suministro de energía.
El presidente Donald Trump defendió la acción como una medida de protección al comercio internacional y advirtió públicamente que Irán asumirá las consecuencias si continúa ejecutando operaciones que pongan en riesgo el tráfico marítimo en esa zona. El mandatario dejó claro que cualquier mina instalada será eliminada sin negociación.
Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el mundo cada día. Un incidente de gran escala en ese corredor no solo afectaría los precios del crudo, que ya superan los 100 dólares por barril, sino que golpearía cadenas de suministro en todos los continentes.
La operación se produce en medio de un conflicto que ya involucra a Israel, Irán, Estados Unidos y actores regionales como Hezbollah y los estados del Golfo, configurando un tablero geopolítico cada vez más complejo y volátil.
Gobiernos de todo el mundo monitorean la situación con preocupación, conscientes de que una escalada en el Ormuz no sería solo una crisis militar sino una emergencia económica de proporciones globales.





