Con las aguas aún sobre amplias zonas del departamento de Córdoba, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres tiene una prioridad clara en esta etapa: sacar el agua. Para lograrlo, el despliegue de motobombas y plantas potabilizadoras se convirtió en el eje central de las operaciones sobre el terreno.
Carlos Carrillo, director de la UNGRD, explicó que la entidad ya tiene equipos funcionando en las zonas afectadas, pero que próximamente llegarán motobombas de mayor capacidad para acelerar el proceso de drenaje. La urgencia no es solo operativa.
El agua estancada está generando una cadena de problemas sanitarios que golpea directamente a las comunidades damnificadas: proliferación de vectores, enfermedades diarreicas y dermatitis son las consecuencias más frecuentes entre quienes llevan días o semanas con los pies bajo el agua.
“La prioridad en este momento es desaguar, manejar los cadáveres y toda esta biomasa que está generando nuevos problemas”, advirtió Carrillo, al referirse también al material orgánico en descomposición que se acumula en las zonas inundadas y que agrava el riesgo para la salud pública.
En ese mismo marco, la UNGRD distribuyó 6.800 pares de botas donadas por una empresa del Valle del Cauca, destinadas tanto al personal que trabaja en los puntos críticos como a las comunidades afectadas, como parte de los kits de asistencia humanitaria de emergencia. Una medida concreta para reducir el contacto prolongado de la piel con el agua contaminada.




