Murió Mi Hijo. ¿Cómo lidiar con la muerte de quien más amas?

Por: Javier Mauricio Otero Díaz
5 meses atrás

Lo más difícil de ser psicólogo es atender el dolor de la muerte, particularmente la de un hijo.

En mi experiencia, son muchos los momentos en que he acompañado el dolor de los padres cuando la enfermedad, la violencia, los accidentes y lo inexplicable les arrebata a sus hijos, ya sea en el vientre, en la niñez, en la flor de la juventud o en la adultez.

Sea cual sea el momento de la pérdida, duele igual, porque una madre o un padre jamás esperan despedir a su hijo antes que a ellos mismos.

La pregunta más dura y difícil de responder es: ¿cómo unos padres pueden seguir viviendo sin la presencia física de sus hijos? Es un dolor indescriptible que solo quienes han sido padres y han sufrido la muerte de un hijo pueden entender.

Nunca he perdido un hijo, pero sentí lo que se siente cuando la muerte rodea la vida de uno de ellos… fue tan intenso y doloroso que no me imagino lo que se sentirá experimentar cuando ya no están.

Por ello, cada vez que unos padres acuden a mí en su duelo, tengo que darme un tiempo a solas y de oración, antes de verme cara a cara con la oscuridad de la tragedia y la incertidumbre. Para acompañar, debo ir lleno de la luz de la esperanza y con una visión ensanchada, que me permita ver más allá del dolor y guiar a esa persona que no encuentra la salida.

Es probable que usted que me lee esté pasando por un dolor tan severo. Puede que sean solo unos días, algunos meses o ya varios años desde que ese terrible momento aconteció. Pero quizás su dolor es aún como el primer día, o tal vez ya está un poco mejor, aunque sintiendo que no ha podido ser el mismo o la misma desde que su hijo o hija partió de su lado.

Para ti que te sientes así, quiero compartirte con mucha delicadeza una humilde forma de hacer menos pesada la carga que llevas a cuestas.

¿Ha escuchado alguna vez la palabra honra? Supongo que sí, sobre todo en la frase que dice que los hijos debemos honrar a los padres. ¿Cierto? Pareciera que los hijos pudieran llegar a entenderlo, dado que desde muy niños se nos enseña. Pero, ¿qué tal si cambiamos su sentido? En lugar de decir “que los hijos debemos honrar a nuestros padres”, decimos “Padres, honren a sus hijos”. ¿Cómo sería eso?

Saben, papás: uno nunca deja de ser padre o madre por más que el amor de su vida no esté físicamente a su lado. Tengo la profunda creencia de que los verdaderos padres jamás pierden conexión con sus hijos, porque un verdadero amor nunca se separa. Por más que la muerte haya llegado, la muerte no puede ni nunca podrá vencer al amor.

En este momento, hablaré como hijo. Si en la soberanía del Dios de la vida se permite que parta antes que mis padres de esta tierra, solo les pediría una cosa: ¡VIVAN!

Y no cualquier vida. Les pido que no utilicen todo ese amor con el que me aman para vivir eternamente en el dolor, sino que con ese inmenso y maravilloso amor vivan mejor que cuando yo estaba presente. De esa forma me honrarían.

Sé que me extrañarían, llorarían y que les dolería mucho. Y quiero que lo vivan, porque la ausencia física de lo que amamos duele, y es parte de la prueba de su inmenso amor. Pero, no quisiera estar siempre conectado con mi madre y mi padre desde el dolor, el sufrimiento y la desesperanza. Eso no lo quiero, eso no me honraría como hijo y me dolería más que a mí misma muerte.

Lo que más desearía es que después de la etapa de dolor y sufrimiento que hayan vivido en la despedida… comiencen a ser mejores personas. Que utilicen la vida que les quede para ayudar a otras personas que estén sufriendo, que se conviertan en un instrumento de Dios para dar consolación y esperanza a todo el que la necesite. Eso, eso sí me honraría y me pondría muy feliz, porque ya no me seguiría comunicando con mis padres desde el dolor, sino desde la esperanza.

La esperanza de que un día los volveré a ver para darles un gran abrazo y decirles que me enorgullece que hayan sido valientes, mejores personas y padres que cuando estaba presente físicamente.

Mis queridos padres, estoy convencido de que sus hijos les pedirían lo mismo. No sé en qué etapa vas del duelo, date tu tiempo, pero recuerda que nosotros, los hijos, también queremos que nuestros padres nos honren, y aún más cuando ya no estamos a su lado.

Les envío un abrazo inmenso de consolación, como el de un hijo a un padre, un gran “te amo” y la maravillosa esperanza de un futuro se vuelvan a ver.

¡Papá! ¡Mamá! Honra a tus hijos.