Opinión. La economía de nuestro país enfrenta retos significativos en medio de una desafiante situación marcada por cifras que deben preocupar. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la inversión en edificios y obras civiles ha alcanzado su segundo nivel más bajo en el Producto Interno Bruto (PIB) desde 2005, evidenciando una situación crítica que demanda acciones inmediatas.
Además, durante el tercer trimestre de 2023, se han perdido más de 500 mil puestos de trabajo. Datos que son alarma y pone en evidencia la urgente necesidad de reactivar nuestra economía. Ante esta realidad, es vital destacar la importancia de la inversión en infraestructura y vivienda como un camino hacia la recuperación económica y la generación de empleo.
Un estudio realizado por la Asociación Americana de Carreteras y Transporte (ARTBA) resalta que cada dólar invertido en infraestructura vial puede generar hasta $3.50 en actividad económica adicional. Esta cifra revela el potencial que tiene la inversión en proyectos de infraestructura para dinamizar nuestra economía y generar un impacto significativo en el empleo y el crecimiento sostenible.
Además, existes precedentes claros de cómo la inversión en vivienda puede transformar positivamente una economía. Tomemos el ejemplo de Singapur, un país que apostó decididamente por la construcción masiva de viviendas a partir de la década de 1960. Esta estrategia no solo abordó el déficit habitacional, que desencadenó una mejora en la calidad de vida de sus habitantes, sino que el impulso al sector de la construcción contribuyó al desarrollo económico continuo de Singapur.
Son muchas las voces las que invitamos a los gobiernos, tanto a nivel nacional como locales entrantes, a atreverse a invertir estratégicamente en vivienda. Esta inversión no solo generará círculos de bienestar al brindar viviendas dignas y accesibles, sino que también reactivará la economía, creará empleos y sentará las bases para un crecimiento sostenible a largo plazo.
Es crucial que los liderazgos políticos adopten una visión a largo plazo y se comprometan con la inversión en infraestructura como motor de progreso. La construcción de carreteras, viviendas y otras obras civiles, así como el apoyo a sistemas de transporte eficientes y conectividad, no solo dinamizará la economía actual, sino que es una forma de generar oportunidades para un país transformado en lo económico y lo social.






