Hay barcos de diferentes formas, tamaños, diseños, pero todos tienen algo en común y es un ancla. El ancla se diseña para dar estabilidad al barco cuando el capitán no quiere que se mueva de un sitio y en medio de una tormenta el ancla debe colocarse en la profundidad del suelo para que el barco no se mueva y no varíe su curso.
Nuestra vida es un viaje en barco por las aguas de este mundo. A veces el entorno social hace que nos rodee una tempestad que ataca nuestra embarcación y llega de repente.
Yo le llamo a esas tempestades: tristezas, enfermedades, enemistades, desengaños, traiciones, depresión, deudas y la lista es interminable.
Cuando estas cosas nos agobian, generalmente intentamos aferrarnos de algo o alguien para sentir seguridad frente a tan grande tormenta. Entonces cuando no sabemos qué hacer ni de dónde agarrarnos, sentimos una sensación de vacío que se traduce en angustia y desconcierto.
Todo sería tan fácil como seguir los consejos de un buen escritor inglés que en su libro aconseja: lanza tu ancla y asegura tu barco, así la tempestad pasará sin dañarte.
Nuestra alma está a la deriva, y el barco (tu vida) irá de acá para allá sin rumbo y perdiendo el sentido del viaje, es decir el propósito de la vida.
¿Qué hacer en este momento? Lanza tu ancla y espera, pero ojo: ¿Qué ancla vas a lanzar? ¿Las pastillas que tranquilizan? ¿La terapia de rehabilitación? ¿El préstamo del banco? ¿La demanda?, o ¿vas aferrarte a las promesas de Dios y vas a esperar?
Pero ¿Cómo estar quietas, mientras los vientos soplan, las corrientes desestabilizan nuestra barca y se levantan olas para tumbar nuestros sueños, nuestra salud, finanzas, nuestra fe?
Dios le dijo en cierta ocasión a un gran guerrero ” ESTAD QUIETOS Y VER LA SALVACIÓN MÍA”
Creo que en mayor o menor medida, todas nos hemos encontrado así más de una vez y hemos buscado algo que nos alivie, que nos de seguridad y sirva para pasar con más tranquilidad.
Dios ha provisto para todas las que confían en Él, un ancla espiritual para nuestro barco espiritual: La esperanza para el alma, es definitivamente el ancla más segura para no quedar a la deriva.
Mujer, revisa tus logros y enfócate en lo que te falta por recorrer para llegar a donde quieres. Seguramente te faltará menos de lo que piensas.
No olvides que toda tormenta pasa y debes subir el ancla y continuar, no puedes quedarte en el mismo lugar quieta y ver como otros cumplen sus sueños, se realizan en cada área de su vida. Debes dejar los miedos, la frustración, la amargura, la aflicción que quiso hundirte y seguir adelante.






