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Hombres jóvenes sin historia

Opinión / Por Marcos Velásquez.


Por Marcos Velásquez.

WHISKY

En la barbería uno habla según el tipo de conversadores que haya presentes esperando turno, se estén afeitando o motilando. También depende del estado de ánimo del barbero, dado que él termina siendo siempre el moderador del debate, ya que conoce un poco mejor que los presentes a sus clientes, lo que le permite pausar la discusión si esta se torna acalorada, o relajarla con un comentario que neutralice la tensión con un chiste que extraiga la risa cuando alguno esté a punto de arrugar la cara.

Por ello, un barbero termina siendo un hombre que, su oficio, le exige estar actualizado en casi todas las materias del mercado, dado que a quien motila o afeita puede ser un lustra botas, un jugador de béisbol, un estudiante, un médico, un profesor, un político, un comerciante o un escritor, en una palabra, un ciudadano que tiene capacidad de opinión.

Lo crudo del día de hoy es que los barberos suelen ser hombres jóvenes. Y cuando digo hombres jóvenes, me refiero a hombres muy jóvenes, hombres tan jóvenes que no tienen historia, lo que los hace, gracias a la tecnología y los medios masivos de comunicación, pensar que la vida es lo que ellos viven y que el mundo es lo que a ellos les interesa o los rodea.

Por ejemplo, para algunos de ellos la política es equivalente a corrupción, lo que anula el ejercicio de la política y la historia de los hombres que en Colombia, siendo verdaderos políticos, han dejado su sangre en la plaza.

Al no tener presente la historia y lo que ha pasado en ella con los políticos que han ejercido la política en función de la sociedad, sus mejoras y su protección equitativa, hace que piensen que la política “es un renglón con la cual y sin la cual, todo sigue tal cual”.

Estos jóvenes barberos no saben que en nuestra historia reciente, el narcotráfico y la mentalidad mafiosa de Pablo Escobar Gaviria, aniquiló al último liberal colombiano: Luis Carlos Galán. A lo sumo, confunden a Galán con Gaitán sin saber quién murió primero o si ambos fueron el mismo muerto, quedando a la deriva el hecho de que Galán murió por hacer un llamado a la decencia, a la honestidad pública y al compromiso de las instituciones y de quienes las representan, con el respeto que exigen los cargos, hacia los ciudadanos.

Confusión que hace comprensible por qué hoy aunque muchos vieron los debates políticos en televisión y se identificaron con las posturas del candidato del partido liberal, no lo apoyaron.

Es difícil en esa generación de los hombres jóvenes sin historia, plantear una conversación que permita disertar sobre cómo el partido liberal se decoloró, como cuando a un trapo de color rojo le cae cloro, que para el caso es el egoísmo, el egocentrismo y todos los “ismos” de la vanidad, lo que causó la pérdida de su sentido y, quizá lo más dramático, su presencia en la historia de la Colombia reciente.

Quien sepa de qué estoy hablando, me puede llamar exagerado, y quien sea reflexivo, puede llegar a pensar que hay que hacer de modo urgente una convención para retomar, a partir del Nuevo Liberalismo, la debacle del liberalismo.
Pero, por lo pronto, los jóvenes barberos piensan en el mundial de Rusia 2018 para hablar de algo que valga la pena, porque están hastiados de la pugna política de dos apellidos de dos políticos que representan la izquierda y la derecha en Colombia, y con sorna dicen que ese tema es mejor no tocarlo porque se alborotan los viejos y empiezan a hablar de algo que, a los oídos de su juventud, es “la misma vaina”.

Sin embargo, osé en plantearles que no es lo mismo el estilo de pensar del uno o del otro. Que ambos candidatos tienen sus peros, y que lo delicado del momento está en que si gana uno, la inversión extranjera se va del país más pronto que inmediato, dado que no va a esperar a ver qué va a pasar con la economía, y si gana el otro, la economía va a continuar en el sistema capitalista que conocemos.

Sistema que, gracias a su trabajo, ellos han construido un estilo de vida, de consumo y de rutina laboral que les permite quejarse de que no les alcanza el dinero pero, por lo pronto, lo pueden invertir en lo que ellos quieren, sin que el gobierno les repare en ello.

Como estábamos los dos barberos jóvenes y yo, no hubo mayor discusión, pero sí hubo una mirada de esas que hace la pregunta: ¿de qué carajo me estás hablando?, a lo que les respondí: mírenlo de este modo, ahora se va a jugar el Mundial de Futbol, solo puede haber un ganador. La verdad, la verdad, no importa quién gane, importa que quien gane lo haga demostrando que es el mejor. Pero más allá del triunfo de quien gane, lo que realmente interesa es que quien gane permita con el ánimo de su triunfo, que el mundial se repita en cuatro años.

¿Hasta aquí todo claro? Les pregunté y asintieron con sus cabezas. Lo que me permitió continuar mi exposición: Imagínense ahora que quien gane el mundial diga que ya no va a ver más mundiales, porque como ya ganó, ahora él va a poner otras reglas de juego, y la primera que va a poner, es que a partir de su triunfo, para la historia del mundial de futbol, él es el último campeón de un mundial.

Ambos se miraron perplejos. Yo aproveché el asunto para concluir diciéndoles que la política es tan compleja como necesaria, que al ellos no tener una conciencia histórica, no saben por qué es tan nefasto para Colombia que el partido liberal se haya decolorado y esté apunto de desaparecer. Que, aunque ambos candidatos están en una disputa, que gane el uno o que gane el otro sí tiene repercusiones abismales en las prácticas cotidianas de nuestras vidas, empezando por nuestra economía.

Como noté que, o no me entendían, o no me hacía entender, les concluí:

¡Miren! Insisto. El asunto no es quién gane el mundial. El asunto es que quien gane el mundial permita con su triunfo que los patrocinadores del juego se animen a seguir haciendo existir los mundiales de futbol. A lo que me respondieron al unísono: ¡Verdad es! Porque sin fútbol no se puede vivir.

Mi barbero terminó de acicalarme. Me miré al espejo, le di las gracias y me despedí de ambos. Pero me quedó la sensación de que hoy toqué unos temas que, aunque hacen parte de la historia, están fuera de la historia de los hombres jóvenes que pronto serán el relevo de mi generación, lo cual hizo que saliera a la calle como el de la calle cuando expuso el país al país y casi nadie lo entendió o no lo quisimos entender.

Twitter:
@MARCOS_V_M



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